Cuando pensamos en la fiesta de la Asunción de la Virgen, la mente se nos va casi automáticamente hacia arriba: imaginamos nubes, ángeles, gloria y a María subiendo a lo más alto. Y está bien, porque hoy celebramos que Dios ha querido premiar a su Madre con lo mejor. Pero si miramos el Evangelio que la Iglesia nos regala para este día, resulta que no nos habla del final de la vida de María, sino de sus comienzos. Nos lleva por un camino de montaña, en un viaje a pie, a la casa de su prima Isabel.
Hay un secreto precioso en esto: el camino de María hacia el cielo (su Asunción) empezó realmente el día en que se puso en camino para servir a su prima (la Visitación). Quien hoy es coronada en lo más alto, es la misma que primero supo bajarse al barro de la vida cotidiana para echar una mano.
Para nosotros María no es una estatua de escayola en un altar ni un personaje lejano de la historia. Es nuestra Madre. Y como buena madre, no nos da grandes discursos teológicos difíciles de entender; nos enseña con su propia vida. El relato de la Visitación nos dice que, nada más enterarse de que iba a ser la Madre de Jesús, María *«se levantó y se puso en camino de prisa»*.
¡Piénsalo un momento! Humanamente, María tenía mil motivos para quedarse en casa. Acababa de recibir la noticia más impactante de la historia, tenía que asimilar lo que se le venía encima, los miedos, las dudas de su entorno… Cualquiera de nosotros se habría encerrado en sí mismo, pensando: “Ahora me toca cuidarme a mí”. Pero con María pasa todo lo contrario. Cuando Dios entra en su vida, ella no se encierra; se abre. La gracia de Dios no la vuelve cómoda, la pone en movimiento. Esa “prisa” de María no es estrés, es el impulso del amor. No puede guardarse a Jesús solo para ella.
Así, sin hacer ruido, María se convierte en el primer sagrario del mundo. Va caminando por la montaña llevando a Jesús en su vientre. Es la primera misionera. Y nos deja una lección que nos toca directamente el corazón: cuando dejamos que Dios entre en nuestra vida, no es para que nos quedemos flotando en una burbuja de paz espiritual, sino para que nos levantemos del sofá y salgamos al encuentro de los demás.
Cuando María llega a casa de Isabel, no llega presumiendo de su títulos ni exigiendo que la atiendan por ser la elegida. Llega a hacer las tareas de la casa, a cuidar a una anciana que está en los meses finales de un embarazo complicado. Va a barrer, a cocinar, a escuchar, a acompañar. Su “Sí” a Dios no se quedó en palabras bonitas; se tradujo en platos limpios, en abrazos y en servicio callado.
Pero fíjate en lo que pasa: en cuanto María saluda, el niño de Isabel salta de alegría y la casa se llena del Espíritu Santo. El servicio humilde de María tiene música de Dios. A veces pensamos que para hacer algo grande por la Iglesia o por el mundo tenemos que ser personas importantísimas o dar grandes discursos. María nos demuestra que el servicio más sencillo, cuando se hace con cariño y con Dios en el corazón, tiene el poder de cambiar el ambiente de un hogar. Isabel lo nota enseguida y se conmueve: “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?” La grandeza de María brilla más que nunca cuando lleva puesto el delantal de servidora.
El broche de oro de este encuentro es el *Magníficat*, ese canto hermoso donde María abre su corazón de par en par. En lugar de aplaudirse a sí misma por lo buena que es, se define como la “esclava”, la servidora pequeña de la que Dios se ha encariñado. Y canta con una alegría contagiosa porque sabe que Dios tiene una debilidad especial por la gente sencilla: destrona a los soberbios, despide a los ricos con las manos vacías y, en cambio, llena de bienes a los que tienen hambre y eleva a los humildes.
María nos enseña que la verdadera libertad y la verdadera felicidad no consisten en salirnos siempre con la nuestra o en buscar el éxito a toda costa. El secreto de María fue vaciarse de sus propios planes para dejar espacio a los planes de Dios. Y los planes de Dios siempre son de amor, de justicia y de servicio.
Hoy, al celebrar la Asunción, miramos al cielo con esperanza. María está allí arriba porque primero supo estar aquí abajo, al lado del que la necesitaba. Su Asunción es la palmadita en la espalda que Dios nos da hoy a todos, recordándonos que ninguna vida entregada a los demás por amor se pierde en el vacío. Cada vez que nos levantamos con prisa para echar una mano, cada vez que servimos con humildad y cada vez que nos fiamos de Dios aunque no entendamos todo, estamos dando un paso en ese mismo camino que llevó a María directita al cielo.
Y esta maravillosa sintonía entre decir “Sí” y ponerse en camino cobra una fuerza entrañable e identitaria para nosotras, las Dominicas de la Anunciata. Fue precisamente en esta hermosa fiesta de la Asunción, en el lejano año 1856, cuando nuestro querido padre San Francisco Coll fundó nuestra congregación.
Para nosotras, este día es el corazón latiente de nuestra historia. Nuestro propio nombre evoca el misterio de la Anunciata (el “Sí” de Nazaret), pero nuestra fecha de nacimiento está marcada para siempre por el Evangelio de la Visitación. Nuestro fundador entendió a la perfección la prisa de María: vio la necesidad, la falta de educación y la sed de luz de tantas niñas y jóvenes de los pueblos, y nos envió a caminar por las “montañas” de la sociedad para llevar la antorcha de la Verdad.
Celebrar hoy la Asunción es, para cada una de nosotras, dar gracias por el don de nuestro carisma dominicano. Nos recuerda que, desde aquel 1856, cada una de nuestras escuelas, misiones, comunidades y gestos cotidianos de servicio sigue siendo la prolongación viva de la Visitación de María. Hoy renovamos con alegría nuestra entrega, pidiendo la gracia de seguir siendo mujeres del “Sí” que se levantan de prisa para encender la luz del Evangelio en el corazón de los más sencillos. ¡Feliz día de la Asunción y feliz aniversario de nuestra fundación!
Hna. Amaia Labarta Rodríguez
Provincia Rosa Santaeugenia




































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































