COMENTARIO DEL EVANGELIO – XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B

Ago 9, 2024 | Noticias

Amados del Señor, los textos de este decimonoveno domingo del tiempo ordinario, Año B, son ricos en enseñanzas. La primera lectura y el Evangelio dirigen nuestra atención al alimento que Dios nos da, al significado y a la importancia del don que Cristo hace de sí mismo por medio de la Eucaristía en la vida del cristiano. Es este don total de Cristo, enraizado en el amor, lo que la segunda lectura nos invita a imitar en nuestra vida.

En la primera lectura, el profeta Elías se ve obligado a huir al desierto bajo la amenaza de la reina Jezabel por haber desafiado y matado a los profetas de su dios Baal. En su huida, Elías experimenta la desesperación hasta el punto de pedir a su Dios la muerte. En lugar de la muerte, Dios le da pan y agua. En lugar de la muerte, Dios le da la vida a través del pan y el agua para consolarlo mientras camina a su encuentro en su montaña sagrada. El Evangelio arroja más luz sobre esto.

Yo soy el pan bajado del cielo” A través del discurso de Jesús sobre el pan de vida con el que se identifica, comprendemos que el alimento que Dios dio al profeta Elías es la prefiguración del pan vivo bajado del cielo para la vida de los hombres: la carne de Cristo entregada para la vida del mundo. Este pan vivo del cielo, dado en cada Misa, sostiene la vida de Cristo en nosotros y nos une eternamente a Él.

Él es quien nos hace crecer en el amor de Dios y nos une los unos a los otros, como leemos en el prefacio de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo: “Cuando tus fieles participan de este misterio incomparable, los santificas, para que la familia humana, que vive en el mismo universo, sea iluminada por la misma fe y unida por la misma caridad”.

La Eucaristía es, por tanto, el fruto más precioso de la asamblea de los creyentes, en cuanto ayuda a cada uno de sus miembros a crecer en la fe, la esperanza y la caridad. Estas tres virtudes teologales, la mayor de las cuales, según san Pablo, es la caridad. Precisamente por eso, en la segunda lectura, san Pablo nos invita a vivir en el amor, siguiendo el ejemplo de Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros.

Amados del Señor, cada vida debe ser una “Eucaristía”, una oblación. No busquemos fuera de nuestra vida la hostia de nuestra Eucaristía; esa hostia somos nosotros mismos, con lo que tenemos y con lo que hacemos. Pidamos a Dios que nos dé la gracia de desear con audacia este pan vivo bajado del cielo, que nos dé cada día el convertirnos en lo que recibimos y vivir con fe este misterio de la Eucaristía para que produzca en nosotros sus frutos, frutos que permanezcan. Amén.

Hna. SERO Bienvenue