COMENTARIO DE LA PALABRA – FESTIVIDAD DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

Ago 5, 2024 | Noticias

Primera lectura: Lectura del profeta Jeremías 1, 4-9
Salmo: Salmo 95, 1-2. 3. 7-8a. 10 R/. Contad a todos los pueblos las maravillas del Señor
Segunda lectura: De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 1-8
Evangelio del día: Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-19.

8 DE AGOSTO DE 2024- STO. DOMINGO DE GUZMÁN

Recordar a Santo Domingo de Guzmán, especialmente para todos los que nos sentimos sus hijos e hijas y continuadores de su vida de predicación, es traer a nuestro presente a un “gigante del Evangelio”. Así lo sentimos, así lo pensamos, así lo anunciamos y así lo predicamos. Si pudiéramos viajar a los días de la vida de Domingo en su querido pueblo natal, Caleruega, seguramente se habría sentido pequeño o frágil como el joven Jeremías. Jeremías quizá no se atrevía a decir “no” a Dios, pero encontraba razones para renunciar entre ellas: no saber hablar, ser sólo un muchacho, … Como Jeremías, siempre podremos encontrar en nuestra vida razones humanas para apartar los planes de Dios, pero lo que no terminamos de entender ni de imaginar es lo insistente que puede llegar a ser nuestro Dios. Hoy diríamos: “¡Qué intenso eres, Dios!”.

Muchas veces encontramos esta misma intensidad en la vida de Jesús: no sabemos usar la medida que Él usa. Pensamos que con unos pocos panes o peces no basta, y sobran doce cestas. Pensamos que una moneda ofrecida en el Templo no es casi nada, y recibe el reconocimiento y la bendición del Mesías. Pensamos en cuántas veces hay que perdonar, y nos enredamos con la tabla del siete. No pensamos como nuestro Dios. No terminamos de entender que Él hace posible todo y lo hace de forma sobreabundante y plena. “¡Qué intenso es nuestro Dios!”.

Al igual que Dios hizo un profeta de Jeremías, hizo un predicador incansable de Domingo. Es bueno saber que, ante nuestra debilidad, pequeñez o incapacidad, la mano extendida del Señor que tocó a Jeremías también se apoya hoy en nuestro hombro para capacitarnos, redimirnos, enviarnos, llenarnos de vida y posibilidad, para confiar en personas buenas y sencillas de corazón, la misión de anunciar su evangelio en el mundo para que sea un lugar más justo y compasivo.

Esa fue la experiencia íntima y profunda de Domingo, la experiencia que le impulsó a buscar la Verdad, a rodearse de sus frailes, a tener una vida itinerante, a predicar incansablemente el evangelio… a querer ser intenso con Jesús.

Hoy el Apóstol Pablo nos recuerda lo mismo cuando leemos cómo insiste a Timoteo: a tiempo y a destiempo, insiste, arguye, exhorta… Pablo también es intenso. Y no puede ser de otro modo cuando ha querido combatir con pasión su combate, correr hasta el final su carrera. Hermosos ejemplos para decir, de un modo muy sencillo, que el predicador vive con el esfuerzo, la valentía y la tensión de quien lucha o corre. Nadie lucha pausado, nadie corre cansado. Es verdad que algunas veces, personal o comunitariamente, nuestro testimonio es un poco flojo, y parecemos cansados antes de empezar o rendidos antes de comenzar el combate, pero eso no puede desalentarnos. Pablo nos recuerda que no estamos solos en cuestión de nuestra fe. La comunidad nos brinda apoyo y aliento y la oración es nuestra conexión directa con Dios y al orar, recibimos la fuerza y la sabiduría que necesitamos para seguir adelante, incluso en los momentos más difíciles.

Esa misma intensidad la refleja la lectura del Evangelio: si la sal no sirve, se tira; si la luz se esconde, mejor no encenderla. Hubo quienes en la historia de la Iglesia hablaron con la misma firmeza, pero mejor redacción: “no quiero estudiar sobre pieles muertas, mientras haya personas que mueren de hambre…

Hoy descubrimos en las lecturas de este día 8 de agosto la intensidad de la pasión por la vida abundante y entregada a Dios en los diferentes servicios, en las distintas vocaciones, en las circunstancias tan distintas a las que todos somos llamados a vivir con fuerza y pasión nuestra vocación cristiana, a la “llamada universal a la santidad“.

Cuando hoy parece que lo mejor es a veces la “tolerancia acomodaticia”, cuando ante las injusticias muchos afirman “qué más da”, cuando ante el sufrimiento de las personas algunos cambian de canal, cuando todo esto pasa, Dios nos invita a la intensidad. Y me parece verle correr detrás de nosotros que salimos huyendo para que no ponga su mano sobre nuestro hombro, para que podamos escabullirnos, para que no se nos complique la vida. Sabemos tanto que argumentamos muy bien.  Pensamos que nos sabemos las lecturas, la vida de Domingo, podemos caer en la tentación de creer que sabemos mucho y de todo. Pero lo que nos sigue y seguirá costando saber y entender es cuáles son las medidas que usa nuestro Dios, cuál es la pasión con la que nos sueña y ama, y cuál es la intensidad con la cual grita nuestro nombre para decirnos: te quiero. Y esto Jesús lo supo decir de un modo muy sencillo e…intenso: papá (Abba).

Hoy, 8 de agosto, hacemos memoria de nuestro Padre Domingo de Guzmán que nos recuerda que estamos llamados como dominicos y dominicas, a seguir su ejemplo de predicación y vida con su misma pasión y entrega. En cada uno de nuestros actos, en cada palabra y en cada gesto, reflejemos la intensidad del amor de Dios. Que nuestra misión de predicar y vivir el Evangelio sea siempre un testimonio vibrante y lleno de vida. Sigamos adelante con valentía, confiando en que la mano de Dios nos sostiene y nos guía, para ser luz y sal en el mundo, predicadores incansables de su Verdad y Amor.

Inmaculada Bautista