La reflexión del tercer día de espiritualidad se enfoca en la fidelidad que debe ser una decisión libre y consciente para amar más y generar más vida en cada momento y en cada relación. Eso produce gozo, libertad, alegría y plenitud existencial que a su vez inyectan en el mundo esperanza y seguridad.
Nos acompaña una de las mujeres importantes de la Biblia, Rut, la moabita, en nuestra reflexión sobre la fidelidad.
Cuando murió su marido, Rut y Noemí, que es como ella una viuda, quedan sumidas en el desamparo. Cuando Rut se quedó con Noemí, también se quedó con su Dios que Noemí adoraba. Rut es signo de fidelidad porque quedarse con Noemí es una elección de amor. Acepta la realidad de un futuro desolado y desafiante porque Noemí la necesitaba. Su lealtad a Noemí fue radical.
Rut buscó suplir las necesidades de Noemi. Porque el amor sabe del cuidado. Se preocupaba más por la felicidad y el bienestar de Noemí que por el suyo. El amor de Rut para con Noemí fue la evidencia de un
desinterés radical o se podría decir evidencia de un amor desinteresado.
El desinterés es el ingrediente clave para las amistades verdaderas; es poner a un lado los propios sueños y deseos por el bien de los otros.
Así es la amistad a la cual nosotras, estamos llamadas a tener para con nuestras hermanas. La fidelidad nos llama a asumir nuevos desafíos, a ser valientes, a asumir una realidad nueva que implica un cambio profundo, a vivir como alguien que mientras percibe la oscuridad del presente es capaz de vislumbrar más allá de la luz y de arriesgarse en caminos del todo inéditos. Y todo esto por amor.
En la oración de la tarde, hicimos una oración en memoria de aquellas hermanas que han sido ejemplos de fidelidad, modelos a seguir en nuestra propia vida consagrada. Recordarlas nos inspira a seguir sus pasos,
renovando nuestro compromiso de amar más y de vivir fielmente cada día.

La jornada de hoy nos ha enseñado que la felicidad auténtica se encuentra en la decisión consciente de amar más, de ser fieles en nuestro compromiso como Dominicas de la Anunciata y de enfrentar la vida
con coraje y esperanza. Que podamos seguir el ejemplo de Rut y las hermanas fieles que nos precedieron, viviendo cada día con amor y fidelidad inquebrantables.














