MIRANDO A MARÍA: ÍCONO DE LA VIDA RELIGIOSA MISIONERA Y SINODAL

Jul 16, 2024 | Noticias

En este último día de espiritualidad vamos a dirigir nuestra mirada a María desde cinco momentos de su vida, a través de los cuales nos hace a cada una de nosotras cinco invitaciones:

1º LA ANUNCIACIÓN. María se encuentra en la cadena de  mujeres de ayer y de hoy  con las que Dios ha tejido y teje la historia de la salvación. Con ella, se nos regala dos palabras para nuestro caminar: “Alégrate… ¡No temas! Y una respuesta:
Alégrate es la primera caricia de Dios sobre María. Es el deseo de Dios para todas las criaturas, ¡vive la alegría y sé testigo de ella! ¿Cuál es el motivo de esa alegría que se derrama para ella, para nosotras?
Dios es el motivo de nuestra alegría, nos amó y nos invitó a seguirle y a comunicar su Buena Noticia.
“No tengas miedo”. El miedo  paraliza la vida, la acción de Dios en nosotros y nos impide arriesgar, caminar juntos,  descubrir la novedad que surge a nuestro alrededor. Tenemos que romper con el miedo que nos
hace estériles e incapaces de experimentar la alegría profunda que se desborda y comunica. ¿Qué significa en tu vida esa palabra, ¡no temas!?.¿Qué miedos te están paralizando, nos están paralizando?
En el  ¡HÁGASE!, María no se mira así misma, sino que pone su mirada en el Dios que la ama y la llama a través de su escucha atenta y apertura a Dios, empieza a tejer su propia vida en Jesús. Acoge la invitación y se abre al sueño de Dios sobre su vida y sobre la salvación del mundo y nos muestra lo que es vivir este camino. Caminó “con” y “en” la Trinidad. La invitación que nos hace María es a acoger el sueño de Dios, sea cual sea la etapa de nuestra vida en la que nos encontremos. Siempre es tiempo favorable para REESTRENARLA, para tejerla de nuevo. Podemos preguntarnos: ¿Qué misión me anuncia, nos anuncia el ángel hoy?

2º LA VISITACIÓN. María hace posible el deseo de Dios en ella y  la hace “SALIR” con prontitud, para compartir con su prima el don recibido. Dios ha tocado su vida  y la lanza a ponerse en camino, al encuentro de  los otros. A decirles  “bendita tu vida”, Dios te ama y está en ti. ¿Cómo se sienten los demás con nosotras? ¿Se sienten animados a sacar lo que Dios tiene dentro de ellos?

3º LAS BODAS DE CANÁ. La mirada de María es capaz de descubrir, de detectar las necesidades  de  los demás y sobre todo la carencia de Dios. Cuando Él falta, la vida se debilita,  se vuelve lánguida, pierde sentido, hondura…. María intuye que así no se puede vivir y provoca  el proceso de cambio, de transformación:  “Haced lo que Él os diga” porque lo mejor de nosotros está por ofrecerse.
Nos preguntamos ¿cuáles son los viejos odres que necesito soltar para poder acoger  en mí el vino nuevo? ¿He caído en la cuenta de que Dios convierte el mejor vino de mi vida en este momento presente?

4º LA CRUZ. María está presente en toda la vida de Jesús  y nos enseña esa presencia amorosa, confiada, fiel, aunque parece que está en silencio,  que no haga nada “ESTÁ AHÍ” junto a la cruz,  y en ese estar
humaniza su propia vida y la del otro. María nos enseña a ser cómo ser madres e hijos unos para otros y nos devela el gran deseo de Jesús que es unirnos, crear vínculos, trenzar amistades, relaciones, sentirnos
Uno. ¿Dónde “estar” hoy? ¿Cómo estar ahí junto a la cruz de tantos hermanos?

5º PENTECOSTÉS. María está allí con los discípulos atenta de lo que Dios le está susurrando.  La Escucha al Espíritu nos conduce a decisiones que aproximan al Reino, que nos empujan hacia el encuentro con los otros,  decisiones que no nos dejan agarradas a estructuras que nos ahogan, sino que nos llevan a abrir puertas y ventanas para dejar entrar el aire fresco  del Espíritu y nos hace audaces para  SALIR a la misión y al anuncio de la Palabra de Dios, Palabra de vida y salvación. María  nos acompaña siempre  hacia nuestra casa interior, y nos empuja desde Dios al futuro. ¿Qué nos susurra Dios? ¿Hacia dónde nos llama o nos quiere llevar?
La Vida Consagrada está llamada a vivir hoy la Sinodalidad. El Papa Francisco decía en el 2018 la sinodalidad “es hacer que germinen sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, entretejer relaciones, sanar heridas, aprender unos de otros y crear un imaginario positivo que ilumine mentes, enardezca corazones, dé fuerza a las manos”.
La sinodalidad es más que una moda, viene del mismo Jesús camino, verdad y vida. Es un proceso que nos lleva a estar atentos a los signos de los tiempos y escuchar los susurros del Espíritu. Escuchar para discernir y decidir juntos siempre en función de la Misión. La misión implica animar, acompañar, integrar, ser una comunidad de puertas abiertas, ser profundamente humanos para hacer creíble el Evangelio. Exige conversión y audacia.
La sinodalidad lo permea todo, la vida, la misión, la calidad de las relaciones, la manera de entender la autoridad y vivir la obediencia.
¿Cómo ser Vida Consagrada sinodal en misión? El documento de la Conferencia Latinoamericana de Religiosos presentó las  claves que se pueden tomar como llamadas del Espíritu para nuestra misión y nuestro caminar juntas.

  • Reconfigurar la vida religiosa al estilo de Jesús, nos plantea la urgencia, de la escucha, la conversión y el discernimiento. La vida Religiosa está llamada a ser “centinela de los caminos del Espíritu centrada en la Palabra que nos ayude a discernir la voluntad de Dios aquí  y ahora y comprometiéndose con el cuidado de la vida”.
  • La Vida religiosa tiene sentido desde la obediencia a Dios. Estamos convocadas a ser transparencia del amor de Dios, especialmente a los más vulnerables. La vida en común, la fraternidad, es un lugar privilegiado para escuchar, discernir y obedecer a  nuestro Padre.
  • La sinodalidad demanda formación en la capacitación para toma de decisiones, para la conversión, para sentirse necesitada de los otros, para expresar ideas, para ser críticos y autocríticos, para buscar  la
    justicia y la comunión, para formar o participar en comunidades.
  • La autoridad es un ministerio de liderazgo al servicio de la vida y la misión.
  • La sinodalidad nos invita a vivir en un proceso de constante cambio y de acogida de las diferencias que habitan la vida religiosa. Somos como una red que necesita anudadores, reparadores, acompañantes que ayude a las comunidades a generar vida, diálogo espiritual y discernimiento sobre los acontecimientos en donde se vive la misión.
  • La vida consagrada está llamada a generar relaciones humanizadoras y formas  institucionales que sean capaces de vincularnos como hermanos y con los hermanos en el camino. ¿Cómo ir liberándonos de todas las capas estructurales que han ido apagando la frescura y la originalidad del P. Coll? ¿Serán un poco lentos nuestros discernimientos y tomas de decisiones?