Nuestro Equipo de Pastoral Juvenil Vocacional no es solo una acción, sino una respuesta fiel al Evangelio y al carisma de las Dominicas de la Anunciata. Es un compromiso vivo con los jóvenes y
con la humanidad que emerge, una llamada a ser luz en medio de la oscuridad y a construir puentes de esperanza.
Somos un equipo que se reúne en la casa provincial de las Dominicas de Barcelona y, desde allí, organizamos encuentros, retiros, oraciones… que den respuesta a la búsqueda de sentido. Esta misión
nos impulsa a encontrar nuevas formas de presencia entre los jóvenes, a vivir la fe desde la autenticidad y a ser testigos del Reino de Dios allí donde más se nos necesita. Como en la ocasión que
ahora os compartimos:
Una vez más, repetimos una de las experiencias más impactantes y llenas de sentido. La noche del viernes 20 de febrero, por las calles más oscuras del centro de Barcelona, algunas Hermanas, maestros y jóvenes vivimos una experiencia transformadora, uno de esos momentos que dejan huella y nos invitan a mirar el mundo con otros ojos. La iniciativa, más allá de ser una simple
acción solidaria, se convirtió en un viaje hacia la esencia de nuestro compromiso con los demás y con nosotros mismos.
Todo comenzó en un ambiente de colaboración y sencillez, preparando bocadillos con el mismo cuidado con el que se prepara una comida para alguien querido. Sabíamos que aquellos trozos de pan
no solo alimentarían el estómago, sino también el corazón de quien los recibiera. Antes de salir a la calle, tuvimos un momento de reflexión con Núria Font, del espacio de acogida
Caliu, quien compartió su testimonio con nosotros. Sus palabras resonaron con fuerza: detrás de cada persona sin hogar hay una historia, un nombre, una mirada llena de vivencias, a menudo marcadas por el dolor, pero también por la dignidad. Nos recordó que la indigencia no es una elección, sino el resultado de muchas circunstancias que pueden afectar a cualquier persona.
Con el corazón conmovido, nos planteamos preguntas profundas sobre nuestra misión en la vida:
¿Para quién somos? ¿Cuál es nuestra misión? En un mundo donde a menudo se corre sin rumbo, ese momento de silencio y reflexión nos ayudó a situarnos, a mirar hacia dentro antes de salir hacia
afuera. Cuando salimos a la calle, con las bolsas llenas de bocadillos y el corazón abierto, encontramos personas que nos recibieron con sorpresa, con gratitud, con una desconfianza que se rompió gracias al calor de una conversación sincera. No solo compartimos comida, sino también tiempo, miradas, palabras y, sobre todo, escucha. Cada encuentro fue un aprendizaje, un golpe de realidad que sacudió nuestras propias comodidades.
Fue una experiencia que no dejó indiferente a nadie. Para algunos, fue el primer contacto con una realidad que a menudo queda oculta bajo la indiferencia cotidiana. Para otros, fue la confirmación de
que el compromiso con los más vulnerables no es una opción, sino una responsabilidad. Regresamos a casa con la certeza de que aquella noche no solo habíamos ofrecido bocadillos, sino
también presencia, compañía y esperanza. Pero, sobre todo, nos dimos cuenta de que los más afortunados no éramos nosotros por dar, sino porque habíamos recibido mucho más de lo que
imaginábamos.
Esta experiencia con sentido nos invita a seguir caminando, a no perder nunca la capacidad de mirar al otro con compasión y a recordar que, al final, lo que nos define no es lo que tenemos, sino para quién somos.
Y tú… ¿para quién eres?
Marisa Martínez
Equipo PJV









