Comienzo destacando la valoración que Jesús siempre tuvo por la mujer; un colectivo de los más marginados en aquella época. Es el evangelio de Lucas, el que le da una atención muy especial. Aparece la mujer con una fuerza extraordinaria:
María la madre de Jesús, Isabel, Ana, la viuda de Nain. La pecadora María de Magdala… Y muchas más.
Lucas tiene interés especial en presentar a Jesús curando mujeres enfermas:
La suegra de Simón, la anciana encorvada, María de Magdalena a la que liberó de “siete demonios”, la mujer que sufría pérdidas de sangre, la viuda de Naín, las mujeres que salen llorando a su encuentro en el camino de la Cruz.
Cuando los varones le abandonan, ellas permanecen junto a la cruz
Son las primeras en anunciar la resurrección de Jesús, aunque no son creídas por los discípulos
En el evangelio del domingo de hoy, 13º del tiempo ordinario, es Marcos el que nos presenta la curación de la hemorroisa y la resurrección de la hija de Jairo.
Dios, es amigo de la vida. Se manifiesta en ambos milagros: la fe humilde que suplica por boca del padre de la niña y el gesto de tocar la mujer el manto de Jesús, son los detonantes del hecho sobrenatural y también el modelo de disposición de acercarse a Cristo, que siempre insiste en la fe… ”tu fe te ha curado”.
Reflexionemos despacio sobre la mujer que sufría pérdidas de sangre. Desde hacía 12 años padecía esta enfermedad. Estaba muy débil físicamente y había agotado sus recursos económicos en médicos.
Nos podemos hacer una idea de lo mucho que tuvo que haber sufrido a manos de médicos y, moralmente por su aislamiento: no podía participar del culto, ni tener un trato normal con sus semejantes, ya que cualquiera que la tocara quedaba en situación impura.
Fue a raíz de oír hablar del Maestro y de las maravillas que hacía, cuando surgió en ella la fe que lograría superar todos los obstáculos: se abre paso entre la multitud y llega hasta Jesús logrando tocar la orla de su manto, expresión de la fe que ella le tenía. Eran muchas las personas que iban con Jesús e incluso le apretujaban; pero sólo una le tocó con fe.
Jesús, conociendo el poder que había salido de él, preguntó, ¿quién me ha tocado? La mujer, temblando, vino a postrarse delante de Él y le dijo toda la verdad. Él le responde:” “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad”
El milagro que hace Jesús con esta mujer, gracias a su fe, es una llamada para cada una de nosotras: claro que podemos sanar, hasta llegar a revivir, ¡por mucho que nos consideremos al límite!
Hoy, como hace dos mil años, cuando ocurrieron estos hechos, Jesús también intensifica su camino en medio de nuestra vida llena de incertidumbres y dificultades y nos ofrece curación si tenemos fe en que Él nos puede curar, por mucho que nos consideremos desahuciadas. Hoy, Jesús, continúa buscándonos para decirnos personalmente que la fe, esa pequeña fe que palpita en cada una de nosotras, nos puede dar la vida que tanto necesitamos y buscamos. “Venid a Mí y Yo os aliviaré”. “Todo es posible al que cree.”
H. Fonsa Martín









