El día de ayer, Fiesta de Nuestra Señora del Rosario, todas las Hermanas de la Congregación de la Anunciata alrededor del mundo nos unimos en el rezo del Santo Rosario, acompañadas e inspiradas por las palabras del Padre Coll. Fue la manera de iniciar estos días de preparación próxima para la gran fiesta del 11 de octubre, cuando recordaremos con alegría y agradecimiento el X Aniversario de la Canonización de Nuestro Fundador. Con los altares adornados recordando los 20 países en que está extendida la Anunciata, comenzábamos así:
Guía 1: En esta Fiesta de Nuestra Señora del Rosario, tan significativa para toda la Orden Dominicana y para San Francisco Coll, experimentamos una singular alegría: iniciamos hoy los días de preparación próxima a la celebración del X Aniversario de Canonización de Nuestro Fundador.
Guía 2: No lo iniciamos solas, no: todas las comunidades de la Anunciata, en sus veinte países y múltiples lenguas, rezaremos unidas este rosario… ¡Que el clamor de nuestra oración suba a Nuestra Madre como agradable perfume en su presencia!
Guía 1: ¿Qué mejor homenaje al Padre Coll que comenzar estos días con el rezo del santo Rosario? Rosario que lo acompañó en el hogar desde niño y en sus largas caminatas misioneras. Rosario que hacía sus delicias en la predicación y que recomendaba encarecidamente a sus hermanas. Rosario que desgranaba amorosamente, como libro y como todo, en los difíciles tiempos de la enfermedad.
Guía 1: Con el Rosario alabó, contempló, y vivió el misterio de la «oración incesante»; con él supo integrar sencillez y profundidad. Fue su medio más eficaz y afectivo para unirse a Jesús y a María en sus alegrías y en sus dolores. En la escuela del rosario aprendió a ser maestro de oración, incansable en enseñar al pueblo aquella Escala del cielo, con la que hacía accesible a todos la vida espiritual.
Guía 2: El Rosario fue, especialmente, un legado preciado de su corazón para nosotras, sus hijas y hermanas: “Este es nuestro santo rezo, y éste es el que ponéis, cuando lo rezáis, en manos de María, y ella lo presenta y pone en las manos de nuestro Padre celestial. Y decidme, ¡oh amadas Hermanas! ¿qué será lo que no alcancéis?… Rezadlo, rezadlo con viva fe, con toda humildad, con todo fervor y atención posibles”.
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(Textos extractados de la Hermosa Rosa, escrita por el P. Coll, respetando el lenguaje original)
PRIMER MISTERIO DE GOZO
La Encarnación del Hijo de Dios en las purísimas y virginales entrañas de María santísima
¡Qué excesos de amor son estos, Señor! Vos bajáis del cielo a la tierra, para elevarme a mí, vil polvo de la tierra, a ser grande en el reino del cielo.
Considera cuán preciosa es la virtud de la humildad; pues por ésta mereció María santísima que el mismo Dios tomase carne en sus purísimas entrañas, y la elevó a la infinita dignidad de Madre suya.
Supliquemos a esta divina Madre que nos alcance tan preciosa virtud, diciendo con toda devoción un Padre nuestro y diez Ave Marías.
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