MARCOS 8, 27-35
El evangelio de Marcos es uno de los primeros testimonios que tenemos en la Iglesia como mensaje para conocer a Jesús.
Es el Evangelio más breve y llama la atención que comienza con una afirmación del Evangelista resaltando la filiación y la divinidad de Jesús: “Comienzo de la Buena Nueva de Jesucristo, Hijo de Dios” Mc. 1,1. Afirmación lapidaria que conecta directamente con las profecías del Antiguo Testamento “En el libro del profeta Isaías está escrito: “Ahora mando a mi mensajero delante de ti… preparen el camino enderecen sus senderos…” Mc 1, 2
Los exégetas señalan que el Evangelio de Marcos culmina con otra afirmación, la del centurión, un pagano, al pie de la cruz: “Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios.” Mc 16, 39. Los textos de la resurrección serían posteriores.
El texto de este domingo, viene a ser la bisagra del Evangelio entre estas dos afirmaciones y Marcos pone en boca de Pedro la confesión de fe del grupo de discípulos: “Tú eres el Cristo, el Mesías” Mc 8, 29, que coincide con la primera afirmación del evangelista y con la última afirmación del centurión.
Los discípulos venían compartiendo la vida con Jesús. Veían cómo sanaba a la gente, cómo les enseñaba con autoridad, cómo hablaba de Dios como su Padre y manifestaba en sus gestos y actitudes la imagen de un Dios cercano, misericordioso, compasivo. Están a punto de subir a Jerusalén y es necesario que estén concientes de quién es ese hombre al que siguen. Es necesario que puedan responder, no sólo lo que dice la gente de Jesús, sino lo que ellos piensan de Jesús. Ni se imaginan lo que vendrá después, la muerte en cruz y mucho menos la resurrección al tercer día. Pero ahora están convencidos de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Verdad muy necesaria y punto de partida para convertirse en anunciadores de la Buena Noticia: éste es el verdadero Mesías, el prometido está entre nosotros.
Aquí arranca un camino, que señala la esencia de nuestro ser cristiano: ser predicadores de esta Buena noticia.
Hoy, este Evangelio nos desafía a preguntarnos a nosotros mismos ¿Quién es Jesús para mí? Mi respuesta es la razón de ser de mi bautismo, de mi misión como seguidor de Jesús.
Puedo responder “Creo en Jesucristo su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo…” Ésta es la verdad fundamental de nuestra fe. Pero ¿qué me dice esto a mí? ¿me alcanza o Jesús es mucho más?
No basta con tener claro la idea y los conceptos de quien es Jesús. Estos son la semilla que crece con la experiencia de los encuentros con Jesús. Anunciar la fe es compartir una vivencia personal y profunda de un encuentro. Esos encuentros a la vez van afirmando y fortaleciendo mi fe.
Que en el día de hoy nos regalemos un tiempo para el encuentro con Jesús y que mirándolo cara a cara podamos responder esa pregunta que nos hace ¿Quién soy yo para ti?
Hna. Ana Uccelli









