Primera lectura: Amós 7,12-15
Segunda lectura: Efesios 1, 3-14
Evangelio: Marcos 6, 7-13
Las lecturas de hoy nos muestran que es Dios quien llama y envía en misión. Los hombres de todos los tiempos se han opuesto a la Palabra de Dios, que es inquietante porque invita a la conversión, aunque no siempre se esté preparado para ello. En la primera lectura, el profeta Amós encuentra controversia en su misión y es expulsado de Betel. A pesar de ello, no se desanima, pues dice: “Fue el Señor quien me eligió cuando estaba detrás del rebaño”. Amós 7,15
Entonces nos preguntamos: ¿Quién me eligió? ¿Cuándo? ¿Dónde? Si no somos capaces de responder a estas preguntas, significaría que no tenemos misión, porque no podemos anunciar a Aquel a quien no conocemos. Cómo podemos anunciarlo si nadie nos ha enviado, nos dice San Pablo. Por el contrario, si lo conocemos, nos aferraremos a Él, porque es el único que puede darnos fuerza en las pruebas, valor en las tribulaciones, perseverancia en las adversidades.
En la segunda lectura, san Pablo reconoce que todas sus bendiciones proceden del Señor que lo eligió. Por eso, es capaz de ir más lejos sin miedo, porque cree que quien se ha apoderado de él es más fuerte que todo.
El Evangelio de hoy presenta el envío de los Doce en misión.
Desde el principio de su misión, Jesús quiso que el anuncio de la Buena Nueva continuara hasta el fin del mundo. Para ello, eligió a los apóstoles para una doble misión: estar con él y enviarlos a proclamar la Buena Nueva. ¿Qué significa estar con él? Significa aprender de él su forma de vida, su manera de orar, su amor al Padre, el sacrificio y escucharle para, más tarde, poder anunciar a Aquel a quien han tocado, oído y visto, como atestigua san Juan. He aquí la necesidad de un tiempo de formación para quienes se comprometen a anunciar la Verdad. No podemos decir a los demás lo que no sabemos. Y para saber, hace falta experiencia. Después de pasar un rato con él, Jesús los envía de dos en dos. Esto significa muchas cosas: el testimonio de dos personas es digno de confianza. Lo que uno no tuvo en cuenta de lo que Jesús dijo o hizo, el otro lo guardó y así no se les escapará nada; dos personas pueden apoyarse mutuamente en el camino.
El anuncio de la Buena Nueva exige perseverancia, lo que significa que dos apóstoles van a
animarse mutuamente. En este fragmento, también observamos que Jesús da a sus apóstoles el poder de expulsar a los espíritus malignos. La misión de Jesús es curar, liberar y dar vida a las personas que están bajo la influencia de espíritus malignos. Él amaba la vida y quiere que el espíritu bueno habite en un cuerpo bueno.
Jesús también dijo a sus mensajeros: no llevéis demasiado con vosotros, salid sólo con la preocupación de la Buena Nueva; Dios cuidará de vuestros cuerpos. Confiad en el que os ha enviado. Preguntémonos por qué nos preocupamos en el camino del anuncio. Las cosas de las que nos rodeamos o desordenan nuestra vida pueden impedirnos continuar nuestro camino, o incluso hacernos olvidar lo esencial.
Desde el principio, Jesús advirtió a los apóstoles que no tendrían éxito en todas partes, porque él mismo no era bien recibido por todos. Esto les preparó para no desanimarse cuando se les presentara tal o cual situación.
Ayer, el Señor envió a los apóstoles a anunciarlo al mundo; hoy, siguiendo sus huellas, nos envía a nosotros a anunciar esta Palabra que salva y da vida, con las mismas recomendaciones. Es importante esperar en lo que el Señor ha dicho, porque su promesa permanece.
Este Evangelio nos invita a saber vivir en la providencia, a saber dejarnos conducir por el Espíritu Santo y a saber aferrarnos a la Palabra de Dios, porque está llena de Verdad.
Que la Virgen María nos acompañe en este camino de anuncio, ayudándonos a escuchar todo lo que Jesús nos dice y a poner en práctica todo lo que nos manda.
Hna. NIKUZE Virginie









