«San Francisco Coll Peregrino y profeta de esperanza»
Queridas hermanas dominicas de la Anunciata, Priora General Hna. Ana Belén, un saludo a las Prioras provinciales, a los consejos general y provincial, a todas las personas conectadas de forma telemática a esta celebración. Queridos hermanos y amigos de la Congregación.
Celebramos con gran alegría y gozo el 150 aniversario de la Pascua de San Francisco Coll, vuestro santo fundador. Un motivo más que suficiente para dar gracias a Dios por el legado humano y espiritual del P. Coll, pero también por la vida y misión de tantas y tantas hermanas Dominicas de la Anunciata que siguen haciendo realidad su precioso legado en tantos lugares del mundo, atravesando países y continentes. La historia de la Congregación sigue viva en nuestro presente. Es una alegría que no podemos ni debemos ocultar. Por eso lo celebramos con el gozo de la Pascua, una experiencia de fe que siempre nos revitaliza y orienta en cada presente.
La Pascua, así lo acredita nuestra experiencia de fe, tiene grabadas estas palabras en nuestro interior. Es una convicción: «os lo aseguro: si el grano de trigo que cae en tierra no muere, queda infecundo; pero si muere da mucho fruto». Celebrando 150 años de la Pascua de San Francisco Coll nos podríamos preguntar sobre los frutos que su muerte haya producido: ¿Qué frutos han brotado de su Pascua? Tenemos que mirar, inevitablemente, a la Congregación que el fundó: Dominicas de la Anunciata. Hemos de buscar la riqueza de su Pascua en sus hijas y en las obras que sus hijas realizan. Esta es la predicación del P. Coll. Sigue predicando en sus hijas. En las dominicas de la Anunciata. Hoy celebramos precisamente esto. Esta es la Pascua. La vida no se detiene. Recorre vuestra vocación, vuestros discernimientos y proyectos, vuestras obras y fundaciones. No detengáis esta Pascua. No tengáis miedo ala muerte de lo que ya tiene que morir para que el grano de trigo dé aún más fruto. Tenéis futuro. La Pascua mira siempre hacia el mañana.
La Pascua del P. Coll nos lleva a tres vocablos encarnados en la vida y misión de las hermanas dominicas, palabras llenas de vida y esperanza por el dinamismo que procuran en el día a día de la Congregación. Las palabras son: educación, pasión y agradecimiento. Los tres términos se deducen de la biografía espiritual de san Francisco Coll.
Educación. No podríamos comprender la tarea educativa, una dimensión clave en vuestro carisma dominicano, si olvidásemos que en sí misma la educación es siempre fecunda por lo que siembra. Los docentes y catequistas saben mucho de esto. El aula del colegio, de la parroquia para la catequesis, siempre es un campo de siembra. Muchas veces habrán sembrado sin ser testigos de la cosecha. Pero saben que las horas de siembra, algunas veces nada fáciles ni cómodas, ha supuesto esfuerzos continuados, incluso su desgaste personal. Se entregan a la tarea porque no se aman a sí mismos. El educador, cuando siembra en sus alumnos y en sus catecúmenos y los abre a nuevos horizontes y posibilidades, sabe que no se ama a sí mismo. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto». Muchas son las horas dedicadas a educar que pueden parecernos muertas; sin embargo, forman parte de la siembra. La educación siempre es fecunda. Es mucho más lo que injerta que lo que desperdicia.
Pasión. La pasión por la Palabra de Dios. Con motivo de la canonización del P. Coll, el 11 de octubre de 2009 el papa Benedicto XVI afirmó en su homilía que tuvo una pasión que permaneció siempre en su vida como fraile dominico predicador: «llevar a las personas a su encuentro profundo con Dios por medio de la predicación de su Palabra. Un encuentro que lleva a la conversión del corazón». Predicador itinerante donde los haya, cumplió con creces el encargo del apóstol que hemos escuchado en la primera lectura de la carta a Timoteo: «predica la Palabra; insiste a tiempo y a destiempo». Esta insistencia que brota de la fidelidad y constancia es la Pascua de la Palabra. La Palabra de Dios requiere de esta dinámica: insistir a tiempo y a destiempo.
La Palabra de Dios comunica realmente cuando llega al corazón porque hay pasión. Cuando procura su cambio y conversión. ¿Cómo llega la Palabra al corazón?, podríamos preguntarnos. Bien sencillo y complejo al mismo tiempo. Os habéis parado a pensar en alguna ocasión porque acudimos alas palabras cuando leemos o escribimos. ¿Por qué leemos palabras con sentido o escribimos mensajes con sentido para nosotros mismos y para otros? Son muchas las respuestas que tenemos a esta pregunta. Podemos leer y escribir, manejar palabras, porque queremos estar bien informados; porque queremos saber y tener conocimiento de las cosas; porque nos obligan al exigirnos un trabajo del que debemos dar cuenta; porque queremos comunicar a otros nuestros estados de ánimo o incluso algo importante para ellos. Pero hay una respuesta aún más profunda: leemos y escribimos -utilizamos palabras con sentido- porque queremos cambiar. La palabra leía o escrita nos puede ayudar a cambiar. Si esa palabra es la Palabra de Dios, una experiencia religiosa volcada en presencia y mensaje para nuestra vida, esa Palabra nos cambia por dentro. Leemos y escribimos palabras con sentido porque queremos cambiar. La Palabra se convierte en encuentro y ese encuentro nos lleva a la conversión del corazón.
San Francisco Coll fue un hombre estudioso de la Palabra de Dios. Su predicación fue la predicación de la Palabra de Dios. Vivió esta experiencia que nosotros ahora formulamos así en respuesta a esta pregunta: ¿por qué la Palabra es importante para nosotros? Porque nos cambia la vida.
Para lograr esto necesitamos ser apasionados. Poner todo nuestro empeño y constancia en ello.Es una vocación. Hay personas, como el P. Coll, que logran hacer de su existencia un servicio a la Palabra de Dios. Sabemos que la Palabra tiene la fuerza dela comunicación. No en vano los biógrafos destacan de él su capacidad para el liderazgo y lacomunicación. Todo el esfuerzo de la Congregación se centra en esto: comunicar la Palabra de Dios através de la educación de niños y jóvenes. También a través de otras mediaciones apostólicas. Pero, encualquier caso, la educación y promoción de las personas, especialmente de la mujer.
Agradecimiento. El P. Coll tuvo una personalidad muy agradecida a la vida, a la vocación de ser fraile dominico, a las personas con las que se relacionaba. Recordaba con alguna frecuencia lo que vivió como experiencia providente, agradecido. Le marcó durante su vida al presentir que alguien le susurraba estas palabras: «Tú, Coll, debes hacerte dominico». Las personas grandes de espíritu suelen mirar la vida desde su lado más positivo, por eso son agradecidas. Quien agradece el don de la vida, el regalo de los demás, el esfuerzo en un trabajo realizado, la presencia de los demás, ensancha su persona -su corazón- solemos decir. Las personas agradecidas dan más importancia a lo que reciben de otros que a lo que tienen de sí mismas, por eso logran dar vida a los años que van cumpliendo. Queremos más a aquellas personas agradecidas porque cuentan con nosotros, nos hacen más importantes y necesarios, porque ‘dan vida a los años’. Esta es su grandeza del agradecimiento. Sed hermanas Dominicas de la Anunciata agradecidas, como lo fue vuestro fundador. De este modo seréis tan grandes como él. Es también vuestra predicación. Es vuestra esperanza.
Fr. Jesús Díaz Sariego, OP
Prior Provincial Provincia de Hispania









