Lo recibe Marta, que con su espíritu activo y servicial inmediatamente se pone a preparar algo para homenajearlo.
También allí está su hermana María, más sensible y atenta a la persona de Jesús. Ella inmediatamente se pone junto a él para escuchar su palabra, para acogerlo, para recibirlo con corazón disponible sin tener en cuenta el tiempo y lo que sucede a su alrededor; actitud ésta que inquieta a Marta y por eso le hace el reclamo.
Las dos hermanas con actitudes diferentes manifiestan su amor por el Amigo, demostrado de distinta forma: la escucha y el servicio. Sin embargo, Jesús interviene -manifestando ahora su divinidad, porque él es “El Señor”- y deja claro que lo más importante es atender primero a su palabra, porque eso es “lo más necesario”.
Pasando este mensaje a nuestra realidad, todos tenemos algo de Marta y algo de María, algo de activos y algo de contemplativos. Pero el vértigo en el que vivimos, muchas veces nos hace caer en el engaño de la pura actividad sin reflexión, aunque en ella se realice un buen servicio a los hermanos en nombre de Jesús.
Dejar de lado el tiempo de “escucha del Señor” a través de la oración, el silencio, el encuentro personal con el Maestro es dejar de lado el sentido de nuestra misión en el mundo.
“Ser” y “Hacer” se complementan. Contemplar y dar lo contemplado son una maravillosa síntesis para nuestra vida cristiana. Pero es importante no alterar el orden porque el hacer se volvería vacío sin la fuente de donde se alimenta.
¿No nos invitará Jesús hoy en este evangelio a repensar cómo estamos viviendo estas dimensiones? Dejémonos interpelar por Él.
Hna. Susana Ruani
Provincia santa Rosa de Lima













