Este Jubileo eclesial que coincide con el congregacional, por los 150 años de la Pascua de nuestro P. Coll, nos apremia a agudizar la mirada creyente de la realidad, como fieles hijas de la Iglesia y de nuestro Fundador.
Hoy Cristo, como peregrino del amor, la verdad y la esperanza se hace encontradizo a través de los acontecimientos, como lo hizo con los discípulos de Emaús, y nos interpela. Tengamos los oídos atentos y los ojos bien abiertos. Veamos al P. Coll otear el horizonte, en momentos históricos signados por las ideas de la Ilustración y el Liberalismo, de la Revolución Francesa, que impregna Cataluña con el lema “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, más las dolorosas consecuencias del conflicto civil entre carlistas e isabelinos, y, dar una respuesta, desde su identidad dominicana ”como libre dirigido por la gracia”. El “specialiter ad docendum” dominicano, hace vibrar su corazón catequístico y le estimula a promover educativamente a la mujer, para que contribuyan a tal fin, al tiempo que cubre el descuido institucional. Así sus Hijas, “como brillantes estrellas”, una vez preparadas y superados los rigurosos exámenes y oposiciones, según las leyes vigentes en la Instrucción Pública (cf, Regla o Forma de Vivir) y serán las primeras religiosas dominicas de vida apostólica de España que se establecerán por poblaciones grandes y pequeñas, a solicitud de los municipios, como asimismo en las Escuelas Públicas de dichas poblaciones. ¿Hoy sería considerado un adalid de la Igualdad de Género?”.
Experto en Comunión, Fraternidad, Diálogo o Coloquio comunitario, estimula el Amor Fraterno de la Regla que profesó y de la que redactó para sus Hijas “Para eso os habéis reunido en una misma casa, para vivir unánimes en el amor”,” El día que este Amor faltare, no lo permita Dios, queda destruido este Santo Instituto”. No obstante su obligada condición de exclaustrado, en él resalta la esencia de su ser dominicano: la misión apostólica no es obra de navegantes solitarios, de ahí su constante empeño por actuar en equipo. Está en consonancia con el clamor actual: “una vida de comunión que no se abre a la misión es ambigua y una misión que no esté vivificada por la comunión, es equívoca”. Con todo lo anterior, me atrevo a expresar que el P.Coll, no sólo dio respuesta a las inquietudes revolucionarias de su época, sino que se adelantó un siglo al Vaticano II: ”Escruta los signos de la época y los interpreta a la luz del Evangelio”(GS,2).Porque para él: los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres de su tiempo, sobre todo de los que sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo(cf.GS,1). Juan Pablo II, al respecto dirá: …”mosén Coll, para muchos es transmisor de fe, sembrador de esperanza, predicador de amor, de paz, de reconciliación” (AAS,1979).
En el mismo documento se nos dice “para restaurar la fe cristiana que había sido perturbada y como trastornada por el vendaval, ante todo de la guerra y las discordias civiles y posteriormente por el auge de la industria y el comercio de Cataluña, funda las Dominicas de la Anunciata, a la que él mismo presidió…como maestro, padre y defensor” y “con palabras llenas de esperanza”. ”Como un árbol pleno de luz y sol, la nueva congregación se extendió…”
Ese amor y esa esperanza se reflejan en sus consejos: “Ejercitad vuestra caridad con la enseñanza…y tened presente lo que dijo J.C en (Mc.10,14) …”Y Él los abrazaba, bendecía y ponía las manos sobre ellos”…Igualmente, entre los diversos avatares, supo esperar y estimular esa esperanza contra toda esperanza: ”Dudaréis…si lograréis la extensión de este Santo Instituto…? Este Instituto no cesará hasta que no sea dilatado y extendido por toda la tierra” (Proyecto de Const.).
Hoy, en un mundo desesperanzado, replegado por temor al delito e inseguridad, más individualista y manipulado por las redes sociales, esta predicación del amor activo y de la esperanza, contra toda esperanza, se convierte en más contracultural que nunca. Sin embargo, el P. Coll nos insta a escuchar el Sínodo que nos pide “ampliar la carpa”, a considerar como “un lugar” el continente digital, con sus retos y peligros que deben abordarse con sabiduría. El Obispo de Vic, en los días de la canonización, decía: “El fuego del amor que hay en el corazón de mosén Coll quema de amor…y el fuego del amor no se puede detener”. El P. Coll hoy sería, sin duda un “misionero apostólico digital”. Con su amor ardiente y el fuego de su voz de trueno, estaría uniendo fe y tecnología, para llegar a lugares recónditos llevando el mensaje de amor y esperanza a todos, especialmente a niños, jóvenes y al núcleo familiar.
Por lo tanto, la Dominica de la Anunciata seguirá educando con amor en las diversas instancias educativas, intuyendo, con la luz del Espíritu, las nuevas necesidades y presencias. A veces será con un amor crucificado (por falta de religiosas, por retiro de comunidades, etc), pero siempre con la convicción de que es presagio y esperanza de Resurrección.
Las Hermanas más jóvenes, junto al sabio amor y proximidad de las antiguas, ya vislumbran las necesidades y oportunidades del presente educativo. Ya despuntan los frutos de la siembra esperanzada, regada con amor.
Hna. Alicia Ovejero O.P.









