El día 26 de mayo, en Quezon City (Filipinas), Sandara Rosario, una joven de 20 años, dio un paso significativo en su camino vocacional al iniciar oficialmente la etapa de postulantado con las Dominicas de la Anunciata. La celebración, sencilla pero profundamente fraterna y significativa, contó con la presencia de las hermanas de las comunidades de Filipinas.

Sandara conoció a las Dominicas de la Anunciata a través de su párroco, a quien le confió su inquietud vocacional. Él la puso en contacto con las hermanas, y así comenzó un proceso de discernimiento que, poco a poco, fue tomando forma.
Con el paso del tiempo, y gracias a lo que vio y vivió junto a las hermanas —su testimonio de vida consagrada sencilla, alegre y cercana— Sandara decidió solicitar ser admitida a la Congregación. Fue ese ejemplo concreto de entrega cotidiana lo que la motivó a decir su “sí” con libertad y esperanza.

“Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había consagrado” (Jeremías 1,5). Hoy somos testigos de cómo ese llamado toma forma en la vida de Sandara, elegida y conocida por el Señor desde siempre.

Con alegría, nos unimos en oración por ella, para que siga respondiendo con generosidad, y que este nuevo camino esté lleno de luz, entrega y fidelidad al Señor.









