El 8 de abril hemos vivido el segundo día de espiritualidad en el marco del XV Capítulo Provincial. El telón de fondo fue la Palabra de Dios, especialmente los textos de la Eucaristía y el Evangelio de Lucas 24,13-24, el camino de Emaús.
En su homilía, Fr. Jesús Díaz Sariego, OP, introdujo los temas del día. Subrayó que la vida es un proyecto en construcción y que los conflictos forman parte inherente de ese proceso. No se pueden evitar, pero la calidad de vida personal y comunitaria depende de cómo se gestionen. Resolverlos de manera inteligente y afectiva es la clave para el crecimiento.
Nos invitó a afrontar los conflictos con objetividad, evitando sobreactuaciones, e interviniendo con actitud serena. La Congregación, al ser una Institución pública, está expuesta a las miradas de la sociedad y es potencialmente vulnerable a crisis. Por ello, insistió en que los Superiores deben invertir y cuidar la comunicación, el asesoramiento y la prudencia sobre todo, cuando hay terceras personas implicadas. Vivimos en una sociedad que tiende a la judicialización excesiva de los conflictos.
Por la tarde, partiendo de Lucas 24,25ss (“¡Insensatos y tardos de corazón para creer!”), el Padre Jesús abordó los desafíos de la maduración personal. Habló del contexto cultural actual y de la fragilidad de las nuevas generaciones, que deben ser protegidas en sus derechos, porque la persona es cada vez más vulnerable.
En cuanto a la vida religiosa, señaló que caminamos entre nuestras fuerzas y debilidades. Alcanzar el equilibrio requiere autoconocimiento, así como saber armonizar lo personal con la entrega y la vida con la misión. ¿Dónde se une lo que soy y lo que hago?
La gracia actúa desde el equilibrio. Preguntas clave quedaron en el aire para la reflexión:
- ¿Dónde están los puntos de equilibrio en la Provincia?
- ¿Cómo deben actuar los Superiores para acompañar decisiones que pueden generar desequilibrio?
- ¿Cómo actúa Dios en medio de los procesos comunitarios?
Hermanas Capitulares










