El pasado 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, la familia de las Hermanas Dominicas de la Anunciata se reunió con mucha alegría para celebrar la primera profesión religiosa de la Hna. Ludmila Bravo, joven novicia de la Provincia Santa Rosa de Lima. La celebración tuvo lugar en la comunidad de Chiclayo – Perú, donde, en manos de la Priora Provincial, Hna. María Inés Fuente, la Hna. Ludmila pronunció públicamente su “sí” al Señor y a la misión confiada a la Congregación.

Originaria de Buenos Aires, Argentina, la Hna. Ludmila llegó a la Anunciata con un corazón dispuesto a escuchar a Dios y a recorrer el camino de la consagración. Por eso, su profesión fue un auténtico canto de gratitud y esperanza, compartido con las hermanas de las comunidades de Perú y Argentina, con sus padres y hermanos, profesores del Colegio La Anunciata y amigos que la han acompañado afectuosamente.
La Eucaristía, presidida por los frailes dominicos y concelebrada por sacerdotes de la diócesis, fue un momento profundamente emotivo. Cada gesto, cada palabra y cada canto hicieron visible la acción amorosa de Dios, que continúa suscitando vocaciones al estilo de San Francisco Coll, para anunciar la Buena Noticia allí donde la vida clama por luz y fraternidad.
Al término de la misa, la Hna. Ludmila dirigió unas breves palabras en las que compartió parte de su proceso vocacional. Con sencillez y emoción, expresó su agradecimiento a las hermanas y comunidades que han caminado con ella, sosteniéndola en la búsqueda y en la respuesta generosa al llamado del Señor. También agradeció a todos los presentes, cuya cercanía ha sido signo de comunión en este día tan significativo.
Como Congregación, damos gracias a Dios por la vida y vocación de la Hna. Ludmila, y por la fidelidad con la que Él sigue acompañando a quienes se atreven a confiar en su amor. Elevamos nuestra oración para que la gracia recibida en este día fortalezca su entrega y la mantenga siempre fiel al estilo humilde, alegre y compasivo de nuestra familia religiosa.
Que María, Madre de la Anunciación, y nuestro fundador, San Francisco Coll, sigan guiando sus pasos y encendiendo en ella la pasión por anunciar a Jesucristo donde quiera que sea enviada.









