Los días 13 y 14 de octubre, las hermanas que forman parte del Gobierno General, las prioras provinciales y la superiora del vicariato tuvieron dos días de formación sobre el Liderazgo Dominicano, después de haber participado en el Jubileo de la Vida Consagrada. Este encuentro formativo tuvo lugar en un ambiente de fraternidad, oración y reflexión, con el objetivo de seguir fortaleciendo la misión de animar y acompañar las comunidades desde el carisma dominicano.
La formación fue impartida por Fray Felicísimo Martínez Díez, OP, reconocido teólogo y experto en dominicanismo, quien acompañó a las hermanas en un recorrido profundo y actual sobre los fundamentos del liderazgo en el carisma dominicano. A lo largo de las sesiones, se abordaron varios temas de especial relevancia para la vida consagrada hoy: “Las bases espirituales para el gobierno”, “El gobierno como misión-vocación en la cultura actual”, “Las misiones del líder” y “Los agentes en el discernimiento”.
Tras la formación, los días 15, 16 y 17 de octubre, las hermanas realizaron una peregrinación dominicana por Bolonia, Florencia y Siena, lugares profundamente ligados a la historia de la Orden de Predicadores.
En Bolonia, oraron en la celda donde Santo Domingo entregó su vida al Señor, y veneraron sus reliquias con profunda emoción. Para muchas, fue su primera visita, y el encuentro con el lugar santo donde el fundador murió les hizo sentir la fuerza viva de su testimonio.
En Florencia, las obras de Fray Angélico en el convento de San Marcos las impresionaron por la serenidad y la fe plasmadas en cada pintura. A través del arte, las hermanas contemplaron cómo la belleza puede ser también una forma de predicación, y cómo la contemplación se transforma en anuncio, como lo fue siempre la misión de la Anunciata: educar, acompañar y evangelizar desde la palabra y la vida.
Finalmente, en Siena, las hermanas visitaron la Basílica de San Domenico, donde se conserva la cabeza de Santa Catalina de Siena, y su casa natal, hoy convertida en santuario. Allí pudieron orar y meditar sobre la vida y el testimonio de la santa, mujer fuerte, apasionada por Cristo y por la Iglesia, modelo de fidelidad al Evangelio y de amor a la verdad.
Esta peregrinación fue para todas una verdadera experiencia espiritual, un volver a las raíces dominicanas y a los lugares donde el carisma cobró vida y se hizo historia. Las hermanas regresaron fortalecidas en la fe, más unidas y con el deseo renovado de seguir caminando juntas, discerniendo y sirviendo desde la luz del Evangelio.









