Desde el 1º de mayo hemos comenzado nuestro encuentro, como ya les habíamos anunciado en nuestro artículo anterior. Hoy regresamos con este mensaje, con el corazón lleno de gratitud y alegría, para compartir con ustedes un poco de lo que estamos viviendo y experimentando en este hermoso tiempo que se nos ha regalado.
Este encuentro se realiza bajo la atenta mirada y el acompañamiento de nuestras dos hermanas formadoras, Dorothée Béatrice Anzie y Luciana Farfalla, con la colaboración de las hermanas del Consejo General y de aquellas que nos ayudan con las traducciones.
Estos días están dedicados a profundizar los aspectos esenciales de nuestra vida consagrada, especialmente como Dominicas de la Anunciata. Después de la introducción realizada por la hermana Ana Belén Verísimo García, entramos de lleno en el programa previsto. La riqueza de los temas, las actividades, los trabajos en grupo, los momentos de interiorización y las dinámicas compartidas nos están siendo de gran provecho.
El compartir nuestro itinerario vocacional permitió descubrir el amor de Dios y su mirada única sobre cada una de nosotras. Hasta ahora hemos trabajado temas como: el encuentro con Cristo que transforma la vida, la predicación de la gracia, la liturgia dominicana, la lectura actualizada del carisma dominicano, el discernimiento, el crecimiento personal, los consejos evangélicos, la misión de la Congregación, la economía, la vida del Padre Coll, la fundación de la Anunciata, la vida de las primeras hermanas y la figura de la hermana Rosa Santaeugenia en nuestra historia, así como la vida de nuestras hermanas mártires y la vida fraterna.
También se nos ha presentado la Provincia Rosa Santaeugenia, las casas dependientes de la Priora General, la misión de la Congregación, la educación, la PJV (Pastoral Juvenil Vocacional), Anunciata Solidaria y la economía.
Estos temas han sido intercalados con visitas a varias comunidades, alegrados con la experiencia del encuentro con nuestras hermanas mayores, el gozo de la interculturalidad, el descubrimiento de los lugares históricos significativos de nuestra Congregación, los momentos de fraternidad, de celebración de la vida y la alegría de sentirnos sostenidas por la oración de cada una de ustedes.
Este tiempo nos está permitiendo a cada una revisar dónde se encuentra, reconocer los aspectos que necesita mejorar y alegrarse por lo ya asimilado, en vistas a la confirmación del “sí” definitivo a Dios en los próximos días. Todo esto ha favorecido un crecimiento más profundo en nuestro sentido de pertenencia.
Caminar por la Casa Madre en Vic ha sido para cada una una experiencia de alegría y renovación espiritual ante la presencia santa de nuestro Padre Francisco Coll y de nuestra querida hermana Rosa Santaeugenia. Brotan de nuestros corazones sentimientos de gratitud, reconocimiento y filiación en el Espíritu hacia ellas y hacia todas las hermanas que vivieron en esos muros y dieron su vida por la Anunciata.
También fueron momentos fuertes la visita a la casa sacerdotal donde falleció nuestro querido Padre Coll, y el paso por Barcelona y Manresa, como un homenaje silencioso a nuestras hermanas mártires en los lugares donde fueron perseguidas y asesinadas. Estar allí imponía un silencio contemplativo ante su coraje, su fe y su amor a Cristo. ¡Qué cercanos y vivos nos resultan estos ejemplos de fe!
No podemos dejar de mencionar lo que ha significado el encuentro con nuestras hermanas mayores en las comunidades. Verlas, escucharlas, compartir con ellas ha sido una gran fuente de motivación y aliento. Su testimonio, su alegría, su espíritu de servicio y sus experiencias han sido para nosotras una verdadera escuela de vida y un gran enriquecimiento.
Seguimos el camino, pero ya queremos expresar nuestra profunda gratitud a nuestra Congregación, a la Priora General y su Consejo, a las hermanas que nos han acompañado y compartido su sabiduría, y a nuestras responsables provinciales y del vicariato que nos han dado esta hermosa oportunidad. No podemos prometer salir de aquí perfectas, pero con la gracia de Dios, nos sentimos renovadas para revisar aspectos importantes de nuestra vida.
Esto nos permitirá vivir mejor nuestra vocación como Dominicas de la Anunciata al servicio del Maestro: Cristo, en el corazón de la Iglesia, de la cual Él es cabeza.
Que el Padre Coll nos bendiga a todas y que su intercesión, junto con la de la Virgen de la Anunciación, nunca nos falte.
Hna. Elisabeth Raymonde MBELE









