FIESTA DE LA TRASLACIÓN DE SANTO DOMINGO Y EL DOBLE JUBILEO

May 24, 2025 | Noticias

El 24 de mayo celebramos una de las fiestas más significativas para la Orden de Predicadores: la Traslación de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden. Esta conmemoración recuerda el traslado solemne de sus restos mortales, ocurrido el 24 de mayo del año 1233, doce años después de su muerte, desde el sencillo sepulcro en la iglesia de San Nicolás de las Viñas (Bolonia) al altar mayor del convento de San Nicolás (actual Basílica de Santo Domingo).

Este hecho no fue solo un gesto de veneración. El motivo principal del traslado fue la creciente fama de santidad de Domingo, y la necesidad de preservar su memoria para los fieles que acudían a venerar su tumba. El traslado se convirtió en una manifestación pública de fe, y fue tan importante para la Iglesia que, un año después, el Papa Gregorio IX canonizó a Domingo el 3 de julio de 1234.

Pero más allá del acontecimiento externo, la Traslación simboliza algo profundo: el reconocimiento de una vida entregada radicalmente al Evangelio, un testigo que sigue hablando, que no ha sido olvidado, y que se convierte en presencia viva para las generaciones futuras.

En este contexto histórico y espiritual, resuena con fuerza el lema del doble jubileo de las Dominicas de la Anunciata: “Padre Coll, peregrino y profeta de esperanza”. San Francisco Coll, dominico, bebió de la misma fuente de caridad y verdad. Como Domingo, fue un peregrino incansable: recorrió caminos, aldeas y ciudades llevando la luz del Evangelio, especialmente a través de la predicación popular y el compromiso con la educación de los más pobres. Como profeta, levantó la voz en tiempos difíciles para anunciar esperanza en medio de la oscuridad social y eclesial del siglo XIX.

Ambos — Santo Domingo y Padre Coll— caminaron con una sola certeza: que Dios llama a anunciar la verdad, a vivir con pasión misionera, y a encarnar la esperanza como don y como tarea.

Celebrar la Traslación es recordar que el Evangelio camina en la historia, que los santos no se quedan en sus tumbas, sino que nos mueven a vivir con más autenticidad. Es asumir la herencia de Domingo y del Padre Coll como un envío: a seguir peregrinando, a seguir profetizando, a seguir sembrando esperanza.

Que la fiesta de la Traslación de Santo Domingo renueve nuestro deseo de caminar como ellos: con la mirada puesta en Cristo, con los pies dispuestos al camino, y con el corazón lleno de la esperanza que no defrauda.