DESDE ABAJO, DESDE DENTRO, DESDE CERCA – 50 AÑOS SEMBRANDO ESPERANZA

Oct 31, 2025 | Noticias

En octubre tuvimos la suerte de celebrar el 50 aniversario de la llegada de las dominicas de la Anunciata a nuestro barrio de Coia y a nuestra parroquia del Cristo de la Victoria (Vigo). Todas las personas que en algún momento compartimos con ellas el camino estábamos invitadas a dos actos muy especiales: una mesa redonda el sábado 25 seguida de una merienda-cena y una celebración eucarística el domingo 26 preparada por las comunidades y con un protagonismo especial de nuestras hermanas Carmen Suárez Martino, Marisa Ruiz Acebo, Marimar Revuelta Álvarez e Ildete Magalhâes Leite, y el recuerdo de Marina Alonso Fernández, que nos acompaña desde el cielo. También estuvieron con nosotras la priora general de la congregación, Ana Belén Verísimo, la provincial, M. Isabel Andrés, el obispo, D. Antonio José Valín Valdés, y personas de distintas comunidades, asociaciones y grupos relacionados de algún modo con ellas, así como compañeras de otras congregaciones.

Hicimos memoria del recorrido de estos 50 años, desde 1975, tras el Concilio Vaticano II, cuando vinieron a vivir en comunidad insertas en el medio popular e implicadas en los problemas del entorno, que en aquellos primeros años significaba reivindicar colegios, centro de salud, semáforos, autobús, parques, etc., en un barrio obrero que acababa de nacer y tenía pisos y gente, pero carecía de infraestructuras. Y así, junto con los dominicos, con quienes estudiaban, rezaban y programaban su labor en una misión compartida, desarrollaban un fuerte compromiso social con especial atención hacia las mujeres, promoviendo la alfabetización y la cultura básica, y la creación de la Asociación de Mujeres Dorna.

Esa experiencia de vida religiosa fraterna, en la que dominicas y dominicos compartían comidas, tiempo y trabajo, no era sencilla y resultaba revolucionaria, incluso para los estudiantes que los visitaban y se sorprendían de esa relación igualitaria, en la que ellas no eran ayudantes ni asistentes de ellos.

La gente joven experimentaba que la parroquia era un lugar seguro donde compartir con iguales y también reivindicar y luchar por un mundo más justo, y eso podía hacer la vida más feliz. Y así aprendimos empatía, respeto, corresponsabilidad, a vivir en comunidad, a luchar, a dar espacio a las mujeres y empoderarlas, a construir comunidades, a ser humildes pero valientes, a formarnos en la teología de la liberación.

La construcción del barrio y de la parroquia como comunidad de comunidades acerca el Reino de Dios a todos nosotros, animadas por el evangelio de Jesús y por su espíritu en el compromiso de un proyecto común: esperanzarnos y dar esperanza a quienes nos rodean, ahora y en el futuro, aunque nos vayamos haciendo mayores y las fuerzas disminuyan.

 

María Olga Álvarez Sánchez

Parroquia del Cristo de la Victoria (Vigo)