Home 5 Congregación

Congregación

“Sí, sí, la Anunciata es obra de Dios, de María y de mi padre Santo Domingo”

San Francisco Coll

Una respuesta a las necesidades de su tiempo

Una misión que comenzó en 1856

Nuestra misión hoy

Una respuesta a las necesidades de su tiempo

La Congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata nació a mediados del siglo XIX como respuesta a las necesidades religiosas, educativas y sociales de la época.

Su fundador, San Francisco Coll y Guitart, religioso de la Orden de Predicadores, en sus misiones por los pueblos descubrió que la descristianización era una de las principales causas de las dificultades sociales y de la pérdida de los valores evangélicos.

Se encontró con la falta de educación, sobre todo de las niñas, y consideró que la formación de la mujer era una prioridad y de gran importancia para el bien de las familias y de la sociedad entera.

Al mismo tiempo, descubrió el deseo de numerosas jóvenes que sentían la vocación religiosa y querían consagrar su vida a Dios a través del servicio a los demás, pero no contaban con los recursos económicos necesarios para ingresar en las congregaciones religiosas existentes.

Después de un profundo proceso de oración, reflexión y discernimiento, comprendió que Dios lo llamaba a fundar una nueva congregación dedicada a la evangelización por medio de la educación.

Así, el 15 de agosto de 1856, en Vic (Cataluña, España), reunió a las primeras jóvenes que dieron origen a las Hermanas Dominicas de la Anunciata. A pesar de las dificultades de los primeros años, San Francisco Coll mantuvo firme la convicción de que esta era una obra querida por Dios, destinada a transformar la sociedad a través del anuncio del Evangelio.

Una misión que comenzó en 1856

San Francisco Coll vivió su vocación como religioso dominico y predicador en un siglo marcado por grandes cambios y convulsiones, el siglo XIX. A pesar de tener razones para el desaliento, la desesperanza y el lamento, fue un religioso pleno y siempre alegre, porque sus fuentes interiores estaban profundamente enraizadas en Dios, aquel que da sentido a la vida. Como hombre contemplativo, supo mirar más allá y descubrir que Dios lo llamaba a una misión grande.

San Francisco Coll vio la realidad de las jóvenes y niñas sin futuro y de la mujer relegada en el ámbito de la formación y la educación de su tiempo. Vio lo que otros no veían. Atento a la voz del Espíritu Santo y discerniendo durante sus largas horas de oración, fue descubriendo cómo dar respuesta a aquellos desafíos y decidió fundar una Congregación con un propósito claro: «Anunciar el mensaje de salvación a todos, especialmente a la niñez y juventud a través de la educación».

El 15 de agosto de 1856, el P. Coll reunió a siete jóvenes en Vic. Así nació la Congregación de las Hermanas Dominicas de la Anunciata, en una casa prestada y con lo mínimo necesario, pero con mucha generosidad, audacia y una total confianza en la ayuda de Dios.

Voces de oposición y crítica se levantaron contra el P. Coll y aquellas siete jóvenes. Algunos amigos intentaron convencerlo de que no siguiera adelante, pero San Francisco Coll, confiando la nueva Congregación a las manos de Dios, afirmaba con certeza: «Sí, sí, la Anunciata es obra de Dios».

En 1857, ante el aumento del número de postulantes y novicias, el P. Coll reunió, gracias a sus predicaciones, el dinero suficiente para comprar una casa con huerto en Vic. Esta se convirtió en la primera casa de las Dominicas de la Anunciata y en la Casa Madre de la Congregación, como se la conoce hasta el día de hoy.

Como fundador de las Dominicas de la Anunciata, el Padre Coll se ocupó tanto de las necesidades materiales como de la vida espiritual de la Congregación. Nada descuidó en su labor de padre y fundador. Pronto contó con la ayuda de su mejor colaboradora, la Hermana Rosa Santaeugenia, quien se convirtió en su mano derecha y en la primera Priora General de la Congregación de la Anunciata.

Nuestra misión hoy

Más de 170 años después de su fundación, las Dominicas de la Anunciata siguen anunciando el Evangelio y acompañando a las personas desde una mirada de esperanza, cercanía y servicio. La misión de las Dominicas de la Anunciata continúa respondiendo a los desafíos actuales mediante la educación, la evangelización, la promoción humana y el compromiso con la justicia, la paz y el cuidado de la creación.

Las Dominicas de la Anunciata continúan haciendo vida el sueño de san Francisco Coll: anunciar el Evangelio y llevar la luz de Cristo allí donde más se necesita. Fieles al carisma de san Francisco Coll, las hermanas están hoy presentes en 22 países y en diferentes realidades culturales y sociales, acompañando a niños, jóvenes, familias y comunidades desde la cercanía, la escucha, la acogida y el servicio.

La Congregación responde a los desafíos de nuestro tiempo mediante la educación y la evangelización, la promoción humana y el acompañamiento pastoral, buscando contribuir a una sociedad más humana, fraterna y solidaria. Su misión se desarrolla en escuelas, comunidades, proyectos sociales y espacios pastorales, poniendo siempre en el centro la dignidad de cada persona.

Ante realidades como la pobreza, las desigualdades, los conflictos, la soledad y la exclusión, las Dominicas de la Anunciata renuevan su compromiso con la justicia, la paz y la defensa de los más vulnerables. Asimismo, promueven el cuidado de la creación y estilos de vida más sencillos y responsables.

La Anunciata continúa una historia tejida por Dios, que invita a seguir siendo luz, esperanza y presencia cercana al servicio del Evangelio y de las personas.