San Francisco Coll
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Un dominico apasionado por el Evangelio
San Francisco Coll i Guitart (1812-1875) fue sacerdote dominico, misionero apostólico y fundador de la Congregación de las Dominicas de la Anunciata.
Toda su vida estuvo marcada por una profunda pasión por Jesucristo, el amor a la Iglesia y el deseo de anunciar el Evangelio con cercanía, esperanza y verdad. Dedicó su ministerio a la predicación del Evangelio, la formación y educación cristiana y el acompañamiento de las personas, especialmente de quienes más necesitaban educación, consuelo y una nueva oportunidad para crecer en la fe.
Nació el 18 de mayo de 1812 en Gombrèn (Girona, España), en el seno de una familia profundamente cristiana. Desde muy joven sintió la llamada al sacerdocio y a la predicación, vocación que vivió con fidelidad, entrega y un profundo espíritu misionero.
Un predicador incansable
Durante más de treinta años, San Francisco Coll dedicó su vida con entrega al ministerio sacerdotal y a la predicación del Evangelio. Después de comenzar su labor en una parroquia local, se convirtió en misionero itinerante, recorriendo varias diócesis de Cataluña.
Poco a poco, su fama como predicador se extendió. Sus palabras, cercanas y profundas, y su carisma atraían a grandes multitudes, que se sentían profundamente conmovidas por sus predicaciones.
Su misión principal era transmitir la Palabra de Dios con sencillez y pasión, ayudando a quienes lo escuchaban a vivir una verdadera conversión interior y a renovar su fe cristiana.
La educación como misión
En sus viajes descubrió una realidad que le preocupaba profundamente: muchos niños y jóvenes no tenían acceso a una formación adecuada.
Comprendió que la educación era uno de los caminos más eficaces para transformar la sociedad desde los valores del Evangelio.
Por ello fundó las Dominicas de la Anunciata en 1856, confiando a las hermanas una misión que continúa viva en la actualidad.
El nacimiento de las Dominicas de la Anunciata
La nueva congregación nació con el objetivo de llevar el mensaje cristiano especialmente a través de la educación.
San Francisco Coll soñaba con una presencia evangelizadora capaz de llegar a pueblos, ciudades y lugares donde la Iglesia necesitaba una respuesta educativa y pastoral.
Ese sueño continúa hoy presente en los distintos países donde las Dominicas de la Anunciata desarrollan su misión.
