Carta del DIVCSVA: Profecía de la presencia…

Ene 29, 2026 | Noticias

Con motivo de la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebrará el 2 de febrero de 2026, el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica ha dirigido una carta a las personas consagradas de todo el mundo, animándolas a vivir su vocación como una profecía de presencia y como auténticas semillas de paz en contextos donde la dignidad humana se ve herida y la fe puesta a prueba.

La carta, titulada «Profecía de Presencia: La Vida Consagrada donde la Dignidad se hiere y la Fe se pone a prueba», está firmada por la hermana Simona Brambilla, prefecta del Dicasterio, junto con el cardenal Ángel Fernández Artime, proprefecto, y Tiziana Merletti, secretaria. El texto nace de la experiencia recogida durante las visitas pastorales realizadas por el Dicasterio en diferentes partes del mundo.

El mensaje pone de relieve la realidad de muchas personas consagradas que viven y sirven en contextos marcados por conflictos, pobreza, migraciones forzadas, violencia y exclusión social. En estas situaciones, la vida consagrada se presenta como un signo de esperanza que permanece junto a los más vulnerables, ofreciendo cercanía, escucha y acompañamiento.

El Dicasterio subraya que permanecer no significa pasividad ni resignación, sino una elección valiente por el compromiso y la fidelidad cotidiana. Esta presencia se concreta en gestos sencillos de acogida, en palabras que fomentan el diálogo y en actitudes que promueven la reconciliación y la paz, incluso cuando el camino resulta difícil.

Asimismo, la carta destaca la riqueza de las distintas formas de vida consagrada —vida apostólica y contemplativa, institutos seculares, Ordo virginum y vida eremítica—, recordando que todas comparten una misma misión: ser una palabra viva de esperanza para el mundo actual.

El mensaje concluye con un agradecimiento a las personas consagradas por su testimonio silencioso y perseverante, y las anima a continuar siendo presencia fiel y constructora de paz en la Iglesia y en la sociedad.