El 11 de octubre de 2009, el Papa Benedicto XVI proclamó santo a Francisco Coll y Guitart, dominico y fundador de las Hermanas Dominicas de la Anunciata, reconociendo en su vida una profunda fidelidad al Evangelio y una incansable entrega al anuncio de la Palabra de Dios. Hoy, dieciséis años después, celebramos con gratitud este aniversario, que coincide providencialmente con el Jubileo de la Esperanza y el Jubileo de la Vida Consagrada, momentos de gracia que iluminan el caminar de la Iglesia.
Un Santo de Esperanza en Tiempos Difíciles
San Francisco Coll vivió en una época convulsa, marcada por persecuciones religiosas, pobreza y desconcierto social. Sin embargo, su respuesta fue la esperanza: una esperanza nacida de la fe, sostenida por la oración y traducida en caridad activa. Donde otros veían oscuridad, él encendía luz; donde se cerraban templos, él abría caminos de evangelización y consuelo.
Su vida se convierte hoy en testimonio actual para un mundo que, también ahora, busca motivos para esperar. En palabras suyas: “La esperanza no defrauda al que se confía en Dios.” En el contexto del Jubileo de la Esperanza convocado por el Papa Francisco, el ejemplo del Padre Coll nos invita a mirar el futuro con confianza, a pesar de las incertidumbres, porque sabemos que Dios camina con nosotros.
Vida Consagrada: Signo Vivo del Evangelio
El Padre Coll comprendió que la fe debía encarnarse en obras concretas y duraderas. Así nació la Congregación de las Hermanas Dominicas de la Anunciata, llamada a “anunciar a Jesucristo por la educación y la evangelización”. En este Jubileo de la Vida Consagrada, su legado resuena con fuerza: las personas consagradas están llamadas a ser testigos de esperanza, promotores de comunión y servidores de la vida en todas sus formas.
Ser consagrado, hoy como en tiempos del Coll, significa vivir “en salida”, con el corazón en Dios y los pies en el camino de los más necesitados. El santo fundador sigue siendo modelo de fidelidad alegre, de oración constante y de servicio generoso.
Celebrar para Renovar la Misión
Conmemorar el 16º aniversario de su canonización no es solo mirar al pasado, sino renovar el compromiso de seguir construyendo el Reino con el mismo ardor misionero del Padre Coll. Es una invitación a dejarnos contagiar por su celo apostólico, a vivir la esperanza como virtud activa, y a mantener viva la llama del Evangelio en nuestras comunidades, escuelas y familias.
Que este doble jubileo sea ocasión de renovación espiritual y comunitaria, de gratitud por el don de la vida consagrada, y de confianza renovada en la esperanza que no defrauda.
San Francisco Coll, testigo de esperanza y apóstol del Evangelio, intercede por nosotros para que, como tú, sepamos anunciar a Cristo con alegría, vivir con fidelidad nuestra consagración y mantener viva la esperanza en medio del mundo. Amén.









