Este sábado 2 de agosto de 2025 quedará grabado en la memoria de la parroquia Cristo Rey de Tsinga, que recibió con emoción la celebración de los votos perpetuos de dos jóvenes: las hermanas Pauline Engoué y Elisabeth Raymonde Mbele.
La ceremonia comenzó con la celebración de la eucaristía presidida por Mons. Gabriel Xavier Mintsa Ndo, vicario general de la arquidiócesis de Yaundé y párroco de la parroquia Cristo Rey de Tsinga. El prior del convento de San Domingo de Yaundé, el hermano Etienne Mbas, fue el predicador principal de la misa. En su homilía, expresó su gratitud a todos aquellos que, por la gracia de Dios, acompañaron a las dos hermanas en su camino vocacional. Afirmó que elegir la vida religiosa no significa en absoluto una pérdida frente a la vocación matrimonial, sino un llamado específico y exaltante. El predicador recordó luego el legado espiritual dejado por San Domingo, fundador de la Orden de los Dominicos: la constante búsqueda de la palabra de Dios a través de su acogida, estudio, contemplación y, sobre todo, su compartición, que constituye la santa predicación. Este carisma, transmitido por San Francisco Coll a las Hermanas Dominicas de la Anunciata, se manifiesta en su compromiso al servicio de la salud del alma y del cuerpo de los más pobres mediante la educación y la asistencia sanitaria. Finalmente, el hermano Etienne insistió en la importancia de la alegría, verdadero testimonio que el mundo necesita urgentemente.
La ceremonia también estuvo marcada por un momento muy emotivo al inicio de la misa, cuando los padres de las hermanas Pauline y Raymonde les dieron su bendición. Luego, ante los fieles de sus parroquias de origen y de los de Tsinga, así como miembros de diversas congregaciones de la familia dominicana en Camerún, las hermanas pronunciaron sus votos perpetuos. Estos compromisos definitivos fueron recibidos por la reverenda hermana Ana Belén Verísimo García, priora general de las Hermanas Dominicas de la Anunciata.
La celebración se enriqueció con la presencia de los Padres de la Orden de la Merced y representantes de otros institutos religiosos, signo de fraternidad. Al concluir la misa, la alegría continuó irradiándose durante el compartir fraterno, ocasión para que todos comulgaran en la fiesta y la gratitud. El programa festivo de la tarde estuvo animado con coreografías y sketches, aportando una nota cultural vibrante a esta celebración del don total de la vida que estas dos jóvenes ofrecen a la congregación. En una entrevista cálida concedida en esa ocasión, las hermanas Pauline Engoue y Elisabeth Raymonde Mbele expresaron su profunda alegría por haber respondido positivamente a la llamada de Cristo y haberse entregado plenamente a la vida dominicana. Su testimonio recuerda la belleza y fuerza de la consagración vivida en la fe, la comunión fraterna y la caridad.
Hermana Regina Emeline ABITAN









