Del 6 al 11 de diciembre de 2024, tuve la oportunidad de visitar la nueva presencia de la Anunciata en Indonesia, un país ubicado en el sudeste de Asia y Oceanía, entre los océanos Índico y Pacífico. Este país está compuesto por más de 17,000 islas, entre las que destacan Sumatra, Java, Célebes y partes de Borneo y Nueva Guinea. Con una población aproximada de 280 millones de habitantes, es el cuarto país más poblado del mundo y el país de mayoría musulmana con el mayor número de creyentes.
El propósito de mi visita fue conocer la más reciente comunidad fundada por la Congregación. Mi viaje comenzó en la capital, Yakarta. Desde allí fue necesario realizar un vuelo de aproximadamente una hora y tres cuartos para llegar a Pontianak, la capital de la provincia de Borneo Occidental (localmente conocida como Kalimantan). Desde Pontianak, emprendí un recorrido por montañas y colinas, y tras cuatro horas y media llegué a Ngabang, donde se encuentra la casa de las hermanas.Ngabang cuenta con una población de 78,309 habitantes. Más de la mitad de ellos profesan el cristianismo, un dato relevante en un país predominantemente musulmán, donde solo el 7% de la población es cristiana y, de este porcentaje, el 3% es católica.
Las primeras hermanas en esta misión son la Hna. Tresia y la Hna. Nga, a quienes pronto se unirá la Hna. Ngoc. Actualmente viven en una casa alquilada a una familia católica.
Durante los días siguientes, tuve la oportunidad de conocer la dinámica de su labor. Una de las hermanas imparte clases en la Universidad de San Agustín, un proyecto educativo conjunto entre los dominicos y la diócesis de Pontianak. La otra hermana estudia en la dicha universidad.
En los primeros meses, las hermanas vivieron en el internado de la universidad mientras se adaptaban a su nueva realidad, establecían contactos y buscaban una casa adecuada. El 1 de noviembre se trasladaron a su nueva vivienda, ubicada a unos 3 kilómetros de la universidad.
Ngabang no cuenta con transporte público; los habitantes se movilizan en motocicletas o vehículos particulares. Un laico dominico facilitó una moto a las hermanas para que pudieran desplazarse con mayor facilidad y llevar a cabo su misión.
Durante mi estadía, participé en la misa de la iglesia universitaria junto con la comunidad dominica y los estudiantes, así como en la misa parroquial. También visitamos una comunidad de otra congregación dominica para compartir experiencias y conversar sobre la misión en Indonesia.
Conocí además a varios laicos de la parroquia y de las comunidades de base. La gente de Ngabang es sumamente acogedora y valora mucho la presencia de la vida consagrada en su pueblo.
Es importante destacar el papel de los dominicos en esta nueva fundación. Ellos fueron quienes nos invitaron y facilitaron nuestra llegada, brindándonos su apoyo fraterno. También resalto la atención y cuidado de la Hna. Teresa (de una congregación dominicana de Indonesia), quien durante tres años se hospedaba en nuestra comunidad en Quezon City, Filipinas, mientras realizaba sus estudio. Ella facilitaba muchas cosas para que las hermanas se adaptenn enseguida en Ngabang.
La presencia de nuestra comunidad en Indonesia está llena de esperanza y posibilidades. Las hermanas han sido enviadas con gran entusiasmo, comprometidas a dar testimonio de su fe en Jesús e invitando a las jóvenes a descubrir el significado de la vida consagrada.
Acompañemos con nuestra oración a la comunidad de Indonesia en este importante paso misionero en Asia, animadas por el carisma de la Anunciata y la valentía inspirada en el ejemplo de nuestro querido fundador, San Francisco Coll.
- – Hna Glecy Punongbayan









