El pasado 4 de julio dimos inicio al Encuentro Internacional del Carisma, una experiencia de gracia y comunión que nos reunió en la Casa General, en Madrid, a 22 hermanas procedentes de los cuatro continentes donde la Congregación de las Hermanas Dominicas de la Anunciata hace presente el Evangelio con su misión.
La apertura del encuentro estuvo marcada por el mensaje de nuestra Priora General, Hna. Ana Belén Verísimo, quien nos recordó los tres grandes objetivos que orientan este camino de formación y renovación: Acercarnos a las fuentes del carisma, para beber del manantial, Profundizar y renovar nuestro “sí” vocacional, fortaleciendo nuestra identidad como Hermanas Dominicas de la Anunciata. Vivir una experiencia profunda de comunión, unidas en la diversidad de culturas y lenguas.
Asimismo, nos recordó que este encuentro responde al llamado del Capítulo General a continuar fortaleciendo la formación permanente, conscientes de que nuestra vocación y misión exigen una actualización constante en todas las dimensiones de la vida consagrada. Se trata de seguir cultivando nuestro ser de mujeres consagradas, arraigadas en el carisma y comprometidas con la misión evangelizadora que la Iglesia y la Congregación nos confían.
La Hna. Luciana Farfalla, coordinadora del encuentro, nos invitó a vivir este tiempo como una auténtica oportunidad de renovación espiritual y congregacional. Nos recordó que estamos ante una experiencia única y que depende de cada una acogerla con un corazón abierto, dispuesto a dejarse transformar por el Espíritu Santo.
Del 8 al 11 de julio profundizamos en el carisma dominicano, acompañadas por Fray Felicísimo Martínez, O.P., quien inició sus reflexiones recordándonos que todo carisma debe mantener siempre la mirada fija en Jesucristo. Nos hizo comprender que la espiritualidad dominicana es una manera particular de vivir la espiritualidad cristiana, y que el carisma recibido es, al mismo tiempo, un don de Dios y una responsabilidad que debemos custodiar y hacer fecundo.
A lo largo de estos días profundizamos en tres dimensiones esenciales de la espiritualidad dominicana.1. La dimensión orante y contemplativa, fuente de sentido para la vida y motor de toda misión apostólica. En la figura de Santo Domingo de Guzmán encontramos el modelo perfecto: de día, nadie más cercano a las personas; de noche, nadie más cercano a Dios. Contemplar y dar lo contemplado forman una unidad inseparable. 2. La dimensión comunitaria nos ayudó a redescubrir el valor de la comunicación y de la vida fraterna. La calidad de nuestras relaciones determina, en gran medida, la calidad de nuestra vida y de nuestra misión. Nuestro verdadero éxito no depende de los logros personales, sino de nuestra capacidad de amar y dejarnos amar, construyendo comunidades que son realmente casas de predicación. Finalmente, profundizamos en la dimensión apostólica, es decir, en aquello que hacemos y ofrecemos al mundo. Fray Felicísimo, nos recordó que el propósito último de la fundación de la Orden fue la evangelización. Todos los elementos del carisma dominicano, la oración, la vida comunitaria y el estudio, están al servicio de la predicación. El estudio, por tanto, no tiene un fin en sí mismo, sino que existe para anunciar con mayor profundidad y fidelidad la Palabra de Dios.
La Hna. Gloria Cañada compartió una profunda reflexión sobre nuestra identidad como Dominicas de la Anunciata. Nos recordó que estamos llamadas a ser servidoras y anunciadoras de la Palabra en el mundo de hoy, encarnándola y ofreciéndola con la disponibilidad y la fe de María en la Anunciación, modelo perfecto de escucha y entrega.
Por su parte, el padre salesiano Javier Valiente nos invitó a reflexionar sobre los desafíos que las nuevas tecnologías presentan para la vida religiosa y la misión evangelizadora. Asimismo, el equipo de FASOL nos dio a conocer la misión, la organización y el compromiso solidario de la Fundación Anunciata Solidaria. Otro aspecto significativo fue la visita a las hermanas de la Casa Provincial de la provincia Rosa Santaeugenia y la comunidad de Becerril de la Sierra. De estas hermanas, y de las de la Casa General, recibimos la acogida, alegría, fraternidad y ejemplos de vida que guardamos en nuestro corazón.
La Hna. Glecy Punongbayan, Ecónoma General, compartió una valiosa reflexión sobre los desafíos actuales relacionados con la pobreza evangélica, la transparencia y la comunión de bienes dentro de nuestra Congregación. Esta primera etapa del encuentro culminó con una peregrinación a Caleruega, cuna de nuestro Padre Santo Domingo. Caminar por los lugares donde nació quien recibió de Dios el carisma de la predicación fue una experiencia profundamente significativa. Allí pudimos contemplar con mayor hondura nuestras raíces y renovar el deseo de vivir con fidelidad el espíritu que dio origen a nuestra familia dominicana.
Al mirar el camino recorrido, podemos afirmar con gratitud que los objetivos propuestos para este encuentro comienzan a hacerse realidad. Hemos bebido de la fuente primera que alimenta nuestro carisma, hemos fortalecido nuestro “sí” vocacional y hemos experimentado una hermosa comunión entre hermanas provenientes de diferentes culturas, idiomas y continentes. Aunque hablamos distintas lenguas, nos entendemos porque nos une una misma fe, una misma vocación y un mismo carisma.
Sin embargo, el camino aún continúa. Esta ha sido solamente la primera etapa de nuestro encuentro. El próximo 20 de julio emprenderemos el viaje hacia Vic, donde nos espera la cuna de nuestro fundador, San Francisco Coll, para seguir profundizando en el don recibido y dejarnos renovar por el espíritu que animó su vida y su misión. Con corazón agradecido, encomendamos este tiempo de formación a Dios y expresamos nuestro sincero agradecimiento a todas las hermanas que, desde las distintas comunidades, nos acompañan con su oración. Sentimos muy cercana su comunión y confiamos en que el Señor siga haciendo fecundo este encuentro para bien de toda la Congregación y de la misión que compartimos.
Hna. María Santos Martínez














