Nuestra vida debe ser un continuo éxodo, siempre dispuestas al encuentro con los otros a ejemplo de Jesús de Nazaret, Santo Domingo de Guzmán y del P. Coll.
La propuesta para este cuarto día es reflexionar sobre la itinerancia, y no como voluntad propia sino como la respuesta a la voz de Dios que nos llama continuamente.
H. Ana María Uccelli nos invita a responde tres preguntas claves para seguir caminando con sentido y con futuro:
¿Dónde estoy y con quiénes camino?
¿Qué caminos recorrer?
¿Qué llevar en nuestras mochilas de viaje?
Se nos recuerda que la itinerancia interior y exterior, para que sea auténtica y verdadera necesita:
Practicar el discernimiento.
Auténtica vida de oración.
Oblatividad y entrega a las demás personas.
Creatividad en fidelidad a nuestra genuina memoria Carismática.
Nos acompañan en esta reflexión cuatro iconos bíblicos:
Jonás: Nos recuerda que la itinerancia no está determinada por el propio deseo de ir o no ir donde se desee, sino donde la necesidad clame nuestra presencia. Tenemos que tener la valentía de arriesgar y desinstalarnos para adentrarnos a la novedad de Dios que es quien nos envía.
La mujer samaritana: esta mujer nos confirma que sin la oración no hay una auténtica vida consagrada, necesitamos llenarnos de Dios en el encuentro de cada día, como mujeres enamoradas y apasionadas por Dios y por el prójimo; sólo así podremos vivir la itinerancia en el encuentro con los sedientos de Dios y de su reino.
El buen samaritano: del egocentrismo a la oblatividad; el texto del buen samaritano nos motiva a desprogramar agendas, horarios, reuniones ante una persona “caída”, “herida”, “necesitada”. Un llamado fuerte al amor creativo, expertas a improvisar para curar y vendar las heridas de los muchos necesitados de nuestros tiempos.
Pentecostés: una invitación a dejar los miedos y seguridades con la certeza que es el Espíritu quien nos impulsa con su fuerza y nos saca del camino de la pasividad a la creatividad de la itinerancia.
Es un buen momento para cuestionarnos nuestra entrega y disponibilidad para salir de nosotras mismas, y si hemos perdido calidad pidamos a Jesús nos ayude a escuchar la voz de Dios; “Una vida sin itinerancia es una vida muerta”, que Santo Domingo de Guzmán y San F. Coll nos ayuden a ser generosas en la vivencia de la itinerancia dominicana.















