El sábado 26 de septiembre de 2026, la «Casa Madre» de Vic se vestía de gala y se llenaba de fiesta y alegría porque la Hna. Carme Puig de la Residencia cumplía, ni más ni menos, que 100 años.
La celebración comenzó por la mañana con la visita del alcalde de Vic, el Sr. Albert Castells, y la concejala de Bienestar, la Sra. Núria Homs, quienes entregaron un ramo de flores muy bonito a la hermana y la medalla de la Generalitat para toda persona centenaria. El alcalde nos leyó la carta de la Generalitat que acompañaba a la medalla, la cual, entre otras cosas, decía: «Las personas mayores sois un pilar fundamental de nuestra sociedad, depositarias de unos aprendizajes imprescindibles para encarar el futuro con optimismo y responsabilidad». A continuación, también leyó la carta en su nombre y en el de toda la corporación municipal, que se expresaba en unos términos muy parecidos, haciendo más hincapié en la ciudad de Vic. Pasaron un rato muy agradable con todas nosotras. La Hna. Carme fue la protagonista y explicó algunos rasgos de su vida y lo que creía que le había permitido llegar a los cien años: la confianza en Dios, perdonar y no guardar rencor. Tanto el Sr. Castells como la Sra. Homs se interesaron vivamente por nuestra vida y lo que hacemos, así como por los diferentes espacios de la casa. También aprovecharon para explicar algunos de los próximos proyectos de cara a la ciudad de Vic, como los nuevos autobuses urbanos gratuitos a partir de los 65 años.
A la hora de comer nos reunimos ambas comunidades de la Casa Madre y alguna hermana más en el comedor de la Residencia, decorado para la ocasión con un gran número 100 y el cartel de «Feliz cumpleaños Hna. Carme». No faltó en el postre el canto de felicitación, las velas que recordaban los 100 años y el brindis con los mejores deseos.
Por la tarde, la celebración continuó a las cinco con la Eucaristía presidida por Mosén Joan Mir y concelebrada por Mn. Josep Massana, los dos sacerdotes que aseguran la Misa diaria en la Residencia. La Hna. Carme estuvo acompañada, además de por ambas comunidades de la Casa Madre, por la Priora general, Hna. Ana Belén Verísimo, y la Hna. Rosa Mª de Castro, Delegada general de Misiones, de Visita canónica en la Provincia; por prácticamente todo el Consejo Provincial; Hermanas de otras comunidades; así como por familiares y algunos de sus «hijos e hijas» de Zaragoza.
Mosén Mir, en su homilía, destacó los tres momentos de toda vida humana aplicándolos al caso de la Hna. Carme. El pasado, el tiempo más largo para ella; un tiempo donde reconocer la misericordia de Dios, tal como expresan muy bien —dijo— Santa Teresa de Ávila en el libro de su vida, Santa Teresa del Niño Jesús y otros santos. También hizo referencia al Quijote pronunciando alguna frase literal, que venía a cuento sobre la benevolencia de Dios.
El presente, del cual no sabemos la duración, donde destacó que es tiempo para amar y vivir en paz; y el futuro, en estos momentos el más corto, en el que hay que vivir y testimoniar la esperanza cristiana, recalcando la palabra «cristiana». Es decir, la confianza que tenemos los creyentes en que la muerte es el paso hacia «un cielo nuevo y una tierra nueva».
Le hizo el regalo de una preciosa oración escrita por un sacerdote que tiene 92 años, donde se pone con total confianza en manos de Dios. Puso de relieve, finalmente, la última frase de la introducción a la Eucaristía: «(…) que (el Señor) la llene de paz y que nos conceda la felicidad de seguir disfrutando de su presencia y de su sonrisa todo el tiempo que Él quiera», uniéndose a este deseo.
Durante la Eucaristía, un sobrino nieto de la Hna. Carme tocó el violín en dos ocasiones: en el ofertorio con el Ave María de Schubert y, al final, el «Virolai». Antes de acabar la Misa, la Hna. Carme, emocionada, leyó unas palabras de acción de gracias, recibidas con unos grandes aplausos, y se cantó el «Rosa d’abril…» y el himno al Padre Coll.
Después pasamos al comedor del colegio para saborear un tentempié disfrutando de la fraternidad y la amistad. La Hna. Carme fue homenajeada con presentes y escritos donde ponían de relieve sus grandes cualidades humanas y espirituales: serenidad, mujer de contemplación y oración, afable y amable, culta y profunda, entregada al servicio de los más débiles, comunicativa, su pasión por la música. Fue un final de fiesta alegre y entrañable.
Damos gracias por haber podido celebrar estos cien años de vida con nuestra Hna. Carme Puig tan bien acompañadas y que el Señor nos siga bendiciendo con el testimonio de vidas que son verdaderas «antorchas» para todas las que hacemos camino como Dominicas de la Anunciata.
Hna. M. Núria Cuéllar


































