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Las Hnas. de la Provincia, celebramos con alegría el pasado 14 de septiembre, las Bodas de oro de nuestras hermanas Esther Francia, Ascensión Rey, Esperanza López y Lourdes Zelaya –la H. Rey no pudo asistir a la misma, aunque estuvo en todo momento muy presente y cercana-. Fue una celebración sencilla pero muy emotiva y entrañable. Celebró la Eucaristía de acción de gracias el P. Jesús Sariego, sj. Muy cercano a las Dominicas de la Anunciata de esta Provincia, desde antaño. Hizo una homilía muy profunda, siempre en tono de gratitud y de ánimo en este camino de fidelidad y entrega al Señor. “Construir sobre roca” para que a pesar de los vientos intempestivos, siempre tengamos en donde sostenernos cada instante de nuestra vida. Después de la Eucaristía compartimos el almuerzo y, a continuación, las hermanas estudiantes y novicia nos regalaron unos puntos artísticos de gran belleza. Sobretodo, agradecidas por ese momento de compartir fraterno de fiesta y alegría. Gracias hermanas por la fidelidad de 50 años al Señor, en esta Congregación de Dominicas de la Anunciata. La Provincia San Martín de Porres, agradece de corazón la entrega de vuestra vida gastada y desgastada en el trabajo silencioso del día a día. Se incluye fotografía en la galería de imágenes . |
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 Carta del P. Antonio Orge, Comisario Apostólico de los Dominicos en España. Rdo. P. Fr. Francisco Coll. Ocaña, 22 de agosto de 1857 Mi venerado Padre y apreciado Hermano: la favorecida de Vuestra Paternidad de 13 del actual me ha servido de mucho consuelo al ver el grande y piadoso pensamiento que Dios Nuestro Señor y Nuestro Padre Santo Domingo le han inspirado en la fundación y dirección de las Terciarias de nuestra Orden, destinadas a ser Maestras de la enseñanza cristiana y religiosa en poblaciones que tanto necesitan de ella, tantos males evita, y tantísimos bienes produce. Me parece que ya experimenta Vuestra paternidad el consuelo visible de la Providencia, no menos que su mano protectora y benéfica en tan santa empresa, viéndose, en menos de un año, con casa propia para las Hermanas, y éstas esparcidas ya en once poblaciones derramando la semilla de la buena instrucción y enseñanza. Continúe Vuestra Paternidad en tan santa obra, y el Señor que la ha comenzado, la perfeccionará a su colmo. Por mi parte no sólo la apruebo, sino que con toda la efusión de mi corazón y de mi alma doy a Vuestra Paternidad y al fruto de sus trabajos la bendición de nuestro Padre y Patriarca Santo Domingo. No me limito a esto, sino que deseando que tan santa obra sea extendida por toda España, si posible fuese, estimaría que Vuestra Paternidad se tomara la molestia de mandarme un reglamento, método de vida, enseñanza y demás que Vuestra Paternidad les haya compuesto. Si yo puedo ayudar en algo a Vuestra Paternidad en eso o en otra cualquiera cosa, deseo lo diga con franqueza a su affmo. amigo, menor Hermano ya Capellán que Su Mano Besa. Fray Antonio Orge |
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“Alabar, Bendecir, Predicar” 
Esta divisa se aplicó a la Orden desde sus primeros tiempos, como se ve en la obra del español fray Pedro Ferrand (1254-1258) en su «Leyenda» de Santo Domingo (n. 43 en Santo Domingo de Guzmán, BAC nº: 490, Madrid, 1987, 827 pág.).
El origen de la frase proviene claramente del lenguaje litúrgico de los prefacios, compuestos en su mayor parte antes deI s. VII. Esta frase por tanto estaba ya en uso en los primeros siglos de la vida de la Iglesia. Ahora bien, en el latín clásico estas tres palabras son absolutamente sinónimas y las tres significan: «alabar en público o públicamente» o «hablar delante de los demás» o también: «decir o hablar bien públicamente de alguien». Pero, tal como se entendían ya estos verbos en la cultura medieval, resultan a su vez una bella síntesis de la vida dominicana. La vida dominicana, efectivamente, se fundamenta, en primer lugar, en la celebración litúrgica, que es proclamación de la alabanza de Dios («alabar»). En segundo lugar, en ella es sustancial la mediación presbiteral («bendecir»). En tercer lugar, la Orden de Predicadores actúa de modo especial en el ministerio de la Palabra o predicación («predicar»).
Con estas tres palabras se definen los elementos centrales del carisma dominicano: la contemplación y la acción apostólica presbiteral. |
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