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CONTEMPLACIÓN,
ESTUDIO Y PREDICACIÓN: INTUICIONES DE NUESTRO CARISMA EN MEDIO DEL
CONTEXTO CONTEMPORÁNEO
Antonieta Potente OP
Puedes descargar el texto completo
Las reflexiones que siguen, son sólo
apuntes sobre lo que se entreteje en la trama principal de nuestro carisma.
Estos tres elementos: contemplación, estudio y predicación, están atravesado
por un eje transversal que podríamos llamar: el sueño comunitario y la
problemática de la pobreza.
Repensar en todo esto,
significa vislumbrar nuevamente nuestra identidad. El deseo de reconocer que
entre todas y todos tenemos algo en común, no para vanagloriarnos, sino para
que tengamos la osadía de volver a hablar de la historia y de nosotras(os) en
ella, desde este don que se nos dio, gratuitamente. Tímidas intuiciones de
Domingo, que se tornan profecía, es decir acercamiento y discernimiento de las
huellas divinas dejadas en los vientos históricos de los tiempos. En efecto, repensarnos es
también volver a mirar, reubicarnos en medio de la realidad que nos rodea, y reconocer
los rasgos de este silencioso misterio que nos envuelve a todas(os). Sin
ninguna proyección, ni espiritualización
de la realidad, vislumbramos luces, pero también muchas sombras. Cambios
anunciados desde tiempo y ahora fracasados. Desilusiones que nos acompañan en
el eco de ideales que, aunque muy bellos, no logramos cultivar, porque nos
cansamos. Aquí estamos, en este continente Amerindio, Caribeño, que varias
veces, se había teñido de esperanza. Ejemplo de sueños místicos y políticos, y
que sin embargo, ahora, vuelve a caminar
envuelto en un profundo silencio, porque se nos impone, o porque atónitos, no
sabemos que decir.
En medio de todo ello,
nos surge una profunda inquietud: la de volver a escuchar, la de volver a
entender y a vislumbrar caminos, luces que nos muestren senderos alternativos
de vida.
Nos preguntamos cómo es posible
volver a dejar resonar la Palabra, no simplemente como predicación si no como
provocación, porque otros vuelvan a hablar, a tomar iniciativa y a obedecer
desde la historia. Esta historia que hoy, a pesar de llevar en sí muchas de las
contradicciones de siempre, tiene también rasgos propios frente a los cuales,
la Palabra asume rostros y expresiones nuevos, que nosotras(os) debemos
reconocer y escuchar.
Ciertamente no es la misma
historia de Domingo, de Tomás, de Catalina. No es la misma tierra Amerindia de
Martín de Porres, Juan, Macías, Rosa, Pedro de Córdoba, Montesinos y Bartolomé
de las Casas... Es otra, profundamente otra; historia que conoce su
explotación, pero que tiene también adentro de sí misma, los medios para
poderla superar. Historia con un sentido de libertad más profundo, y sobretodo
de autonomía, con respecto a Dios y a las instituciones que lo quieren
representar.
Redescubrir la identidad,
entonces, no es un lujo que podemos permitirnos porque no tenemos otros
problemas, se trata más bien de un imperativo ético en esta historia que
necesita aportes específicos y concretos, dados por todos(as) lo(as) que
hacemos parte de ella.
El primer paso es entonces,
invitarnos a repensar, atrevernos a reinterpretar algo que se nos dio y que en
la vida cotidiana podría volverse estilo de sabiduría compartida, y propuesta
alternativa.
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 Ofrecemos estos bellos textos de dominicos y dominicas. Se puede descargar el texto completo Fray Vicente de
Couesnongle (1916-1992)
LXXXIII
Sucesor de Sto. Domingo. Elegido Maestro General en el Capítulo de Madonna
dell'Arco (1974) presidió la Orden hasta 1983. Puso en marcha las cuatro líneas
de Evangelización en fronteras o prioridades como características de la Orden.
Acerca de una de ellas: "catequesis en un mundo descristianizado"
hizo en cierta ocasión esta jugosa reflexión:
Contemplación
de la calle. Digo de la calle, no en la calle. No se trata de pasearse
distraído en medio de la multitud, sino de tener una mirada atenta sobre todo
lo que nos rodea: estas personas, sus rostros, su caminar, la pobreza de sus
vestidos o la insolencia de su peinado. La "contemplación de la
calle" es saber buscar, adivinar lo que no se ve: fracasos, sufrimientos,
aspiraciones. Es descubrir poco a poco lo que todo esto significa en la vida de
todos estos hombres, de todas estas mujeres, de estos jóvenes, para sí mismos y
a los ojos de Dios. La "contemplación de la calle" - que también puede
ser la contemplación de los periódicos, de la radio, de la televisión- sabe
hacer siempre actual la mirada a la vez divina y humana de Cristo -el más
contemporáneo de todos los hombres-, sobre la muchedumbre, los enfermos, todos
los que están poseídos por el mal: el dinero, las injusticias, una sexualidad
exacerbada, el poder sin freno, el odio. En esta muchedumbre, ¿Quién es
Magdalena, Zaqueo, los publicanos, el sacerdote y el levita que van de
Jerusalén a Jericó?; ¿cúales son los que están ávidos de escuchar a Jesús,
quizás aún sin tener conciencia de Él?.
Antes
de ir a la calle, debemos en la fe, mirar a Cristo, escucharlo, hacer silencio
con El. En la calle descubriremos entonces muchas cosas que de otro modo se nos
habrían escapado. No hay "contemplación de la calle" si antes no
sabemos encerrarnos en nuestra celda, La "contemplación de la calle",
la "contemplación de la celda": el apóstol de hoy debe ser capaz de
la una y de la otra, y alimentar la una con la otra en un intercambio
ininterrumpido.
A
imitación de lo que es Cristo mismo en su ser y en su oración, esta
contemplación debe ser el punto de unión privilegiado, en nuestra vida, entre
la fe y el mundo.
Fray Aniceto
Fernández (1895 - 1981)
LXXXII
sucesor de Santo Domingo en el gobierno de la Orden, entre los años 1962-74. A
él le correspondió dirigir la Orden durante el Concilio Vaticano II, y las
iniciales reformas subsiguientes. Promulgó el nuevo L. C. O. Presentamos ahora
un texto suyo relativo a la predicación dominicana en tiempos de cambio.
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