"La enfermedad puede convertirse en escuela de esperanza"
El próximo día 11 de febrero, Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra la Jornada Mundial del Enfermo, bajo el lema: "La enfermedad puede convertirse en escuela de esperanza". Jornada especial, porque a los enfermos, al igual que dijera Jesús refiriéndose a los pobres, los tenemos siempre con nosotros y han de ocupar, un lugar especial en nuestro afecto.
En los Evangelios vemos que una de las principales ocupaciones de Jesús era atender a los enfermos y curarlos. La curación de los enfermos era uno de los signos de su condición del Mesías. Como signos de su autenticidad, curaba enfermos, expulsaba los malos espíritus, liberaba de esclavitudes y pecados, daba vida y era Buena Noticia para los pobres.
Para los cristianos, además, los enfermos, como las personas que padecen necesidad en su cuerpo o en su espíritu, son manifestación de la presencia del Señor y demanda nuestra ayuda.
Es admirable constatar la dedicación de muchas personas a atender a una persona enferma, a veces de larga duración y con un sacrificio, dedicación y cariño admirables, como lo es también el trabajo de los buenos profesionales y de las personas que, por vocación, dedican su vida a los enfermos.
Al recordar que este año la jornada coincide con el XXV aniversario de la institución del Consejo Pontificio para la Pastoral Sanitaria, el Santo Padre expresa su deseo de que este hecho "sea una ocasión para un empuje apostólico más generoso al servicio de los enfermos y de los que cuidan de ellos".
Seguidamente Benedicto XV señala que "el sufrimiento humano obtiene sentido y plenitud de luz en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo".
En la enfermedad y en el tipo de enfermos se dan, a veces, situaciones, para las que no vale la misma actitud, propuesta o servicio, como tampoco vale la misma receta para todas las enfermedades. De ahí la necesidad de formación y oración por los enfermos en el tiempo oportuno, con la prudencia y respeto debidos.
El Papa destaca que el mismo Jesús "nos exhorta a curar las heridas del cuerpo y del espíritu de tantos hermanos y hermanas nuestros que encontramos por los caminos del mundo; nos ayuda a comprender que, con la gracia de Dios acogida y vivida cotidianamente, la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento puede ser una escuela de esperanza".
"En el actual momento histórico-cultural -sigue diciendo- se advierte aún más la exigencia de una presencia eclesial atenta y extensa junto a los enfermos, así como una presencia en la sociedad capaz de transmitir de manera eficaz los valores evangélicos que tutelen la vida humana en todas las etapas, desde su concepción hasta su fin natural".
El Santo Padre agradece "de todo corazón" a las personas que cada día "realizan un servicio a los que están enfermos y los que sufren, con el fin de que el apostolado de la misericordia de Dios, al que se dedican, responda cada vez mejor a las nuevas exigencias".
En este Año Sacerdotal, Benedicto XVI se dirige a los presbíteros, "ministros de los enfermos", "signo e instrumento de la compasión de Cristo, que debe llegar a cada ser humano marcado por el sufrimiento".
El Señor Jesús, en la Última Cena, antes de volver al Padre, lavó los pies a los apóstoles, anticipando el supremo acto de amor de la Cruz. Con este gesto invitó a sus discípulos a entrar en su misma lógica del amor que se dona especialmente a los más pequeños y necesitados.
Siguiendo su ejemplo, cada cristiano está llamado a revivir, en contextos distintos y siempre nuevos, la parábola del Buen Samaritano". "Vete y haz tú lo mismo" (Lc 10, 37) Es la invitación que nos la hace Jesús.